Hablando con Kosh (VII)

Kosh es mi amigo imaginario, y mi ángel guardián. He hablado varias veces con él, y siempre me ha ayudado a seguir mi viaje… aprendiendo y creciendo en el amor, y descubriendo y olvidando de su mano alguno de los secretos de la vida.

Hoy cerré los ojos para viajar a mi faro de Mera, ese rincón mágico cuya brisa limpia y revitaliza cuerpo y alma. Busqué en mi mente esa piedra que está al borde del acantilado pero que es lo suficientemente segura como para estar tranquilo, incluso en sueños soy precavido. Supe que sentándome ahí, él no tardaría en aparecer…»

Escuché una voz detrás de mi:
Gallego en Galicia, corazón cantarín y lleno de «ledicia«.
jajaja Pero ¿Cuándo te has vuelto poeta? Querido Kosh… — respondí sin girarme.
Todos tenemos alma de poetas, cacho de carne, tú deberías saberlo mejor que nadie. — dijo, casi sonriente.
Está claro que cada día eres más humano ¿no te dicen nada ahí arriba? — dije, para vacilón, yo.
Pues no, deberías saber que no tengo jefe y que voy y vengo cuándo soy necesario, o alguien me da especial pena… como suele ser tu caso.
Vaya vaya… qué mordaz te has vuelto, tendré que enterrar el sarcasmo y volver al corazón ¡Me alegra verte viejo amigo! — dije conciliador.
Podría llegar a confesar que te he echado de menos… pero no lo haré. — dijo seriamente irónico. — ¿Qué tal te ha ido todo estos años?
Pufff pues vitalmente muy bien, muchos viajes de buceo y amores quizás mal escogidos… en mi línea, ya sabes, pero cada vez hago mejor las cosas, y aunque escoja mal resulta que aprendo cosas vitales para mi mañana… ¿es cierto que hay personas que solo pasan por tu vida para enseñar? ¿ellas también aprenden cosas importantes? — le respondí.
Sí, todos somos estaciones de paso para alguien, todos somos maestros y aprendices a la vez. Quienes reniegan de haberte conocido no reconocen que les ayudaste a dar un paso importante ¡Mira! Si algo bueno has tenido siempre es no arrepentirte de lo vivido, y valorar el aprendizaje por encima de la profundidad de las cicatrices, eso me gusta de ti. — respondió con su sabia voz.
Vaya, gracias, agradezco tu gesto y tu reconocimiento… — respondí sonriente.
No te pongas cómodo, sigues haciendo mal demasiadas cosas… lo de «dejar ir» es algo que llevas fatal ¿Qué tiene que hacer alguien para que lo dejes atrás sin opciones de repesca? Deberías valorar más tu limpieza y tu ligereza que la cantidad de amigos en tu agenda.
Ya, si no digo yo que no, pero pocas personas tocan de verdad el alma ¿Cómo puedes deshacerte de alguien así? Quizás pasó el momento de una amistad más cercana o incluso de un amor bonito, pero el vínculo sigue ahí… sí, sí que me cuesta, es curioso cómo la lluvia y el tiempo borran lo malo y quedan los recuerdos perfectos compartidos con ellos. — dije nostálgico.
Suelta… lo que ya te soltó, agradece lo vivido y lo que fue, y deja sitio para lo que será. — dijo, muy a lo Yoda, dejándome reflexivo unos minutos. Pocas cosas hay más bonitas que el silencio cómodo junto a un buen amigo.
 
Sí, dejar ir… para hacer sitio. Es cierto que quien llega a tu vida para quedarse lo hace inspirando paz mental, y no fatiga emocional. He vivido situaciones realmente delicadas… y he aprendido muy bien la diferencia entre querer, y querer bien. Me sigo sintiendo torpe, cómo un músico que conoce las notas pero no siempre es capaz de hilar una melodía… — respondí tras los minutos de reflexión.
Y sin embargo, la melodía suena en tu cabeza. No culpes a tus dedos. — dijo de nuevo, críptico.
¡Bueno¡ ¿Y qué opinas? ¿Esta vez es Ella? — pregunté cambiando de tema.
Podría serlo, por supuesto. Has mejorado mucho últimamente la calidad de la madera con la que te rodeas, sí. No dejes de valorar lo afortunado que eres, y con cariño y paciencia puedes construir el barco que cambie tu destino. Tú trabaja con amor y humildad, y sobre todo, vive en presente, y disfruta del viaje más que del destino. — comentó, mirándome a los ojos
Bueno, no queda otra que hacer eso e ir dibujando mi camino, evitando más baches. — dije, mientras perdía mi mirada en el horizonte marino. — Pensé que me agotaría después de estar tan magullado, pero la vida no deja de sorprenderte de modos místicos, dejándote casi sin fuerzas justo antes de darte el agua que te salvará la vida y…
 
Miré para atrás, y ya no estaba, se había ido sin más, algo muy suyo.
Me dejó sembrado el anochecer que contemplaría instantes después para interrumpir mi torrente de reflexiones sobre la vida y el amor. Y sobre todo, me recordó, que no debería dejar pasar tantos años sin hablar con él. 8 años desde nuestro último encuentro y no, esta vez… algo me decía que no tardaría tanto en volver a verlo.

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