Desde dentro…

Dic
2
2021

No tenemos remedio

 Escrito a las 17:17     Archivado en: A5, Desde dentro..., Relatos o Versos     1 comentario


Hace unos días estaba escuchando un audio de whatsapp, y no pude evitar que mi mandíbula acabara por los suelos cuando escuché estupefacto cómo una buena amiga mía definía cómo «persona hogar» a varias personas que había conocido esa misma tarde tomando un café. Claro que conectar con alguien es maravilloso, pero de ahí, a lo otro, para mi hay una cierta distancia. He de confesar que me dolió, qué queréis que os diga, yo llevo años partiéndome los cuernos por esta persona, y el atributo de «persona hogar» me lo he ganado a sangre, sudor y lágrimas, ver cómo le regalan a alguien algo que tu has luchado tanto, jode un poco. Además, llevo varias semanas con audios motivacionales, sumando energías, empujando, intentando llenar su vida de amor y esperanza, convenciéndola de que el mundo no es tan hostil como parece, destinando una parte de mi energía a rellenar la suya… pero ya veis.
Y entonces tuve mi particular revelación, y «mirándola» desde mi cómoda distancia me di cuenta, de que no tenemos remedio, de cómo repetimos una y otra vez nuestros patrones, hasta la saciedad. Mientras yo siempre he creído que esta amiga tiene una luz propia espectacular, y que debería disfrutar de su riqueza a todos los niveles sin prestar tanta atención a los demás, la he visto saltar frenética de flor en flor mientras creía ver luces en esas flores que no eran ni comparables a la suya, viendo cómo a su paso otros insectos le quitaban su brillo o intentaban comérsela… y si se caía escapando de los bichos, ahí estaba yo a menudo para intentar levantarla con todas mis fuerzas. En cuánto se ponía en pie y estaba curada, salía corriendo desesperada a la búsqueda de esas luces ridículas comparadas por la suya, tropezando una y otra vez, mientras yo en la distancia contemplaba impotente la situación.
Yo de ella me centraría en la calma, en disimular su luz, y conocer a quienes se acerquen a conocerla, no por su culo brillante, sino por lo que realmente es, y cuando esa persona te conozca de verdad y merezca un sitio especial a tu lado, entonces es el momento de brillar sin miedo… junto a él, y quizás entonces él también saque su brillo, y nos iluminéis un poco la vida a todos.
Ahora bien, yo debería empezar por escuchar el mismo consejo que le daría a ella.
 

Foto de Flash Dantz en Pexels
 



 

Nov
18
2021

El Resurgir (The Rising)

 Escrito a las 15:44     Archivado en: A5, Desde dentro...     2 comentarios


No recuerdo a qué edad me di cuenta de que habitaba dentro de mi un Ave Fénix.
En la vida todos vivimos etapas malas, en las que sin más estás triste, o sencillamente te han roto el corazón, has pasado una mala gripe, o un cólico nefrítico, en las que en el trabajo no estás cómodo… y cuando se solapan varios problemas, o se suceden, es complicado levantar cabeza, y te quedas noqueado en el suelo, y lo único que podemos hacer es arrastrarnos. Supervivencia ante todo, rendirse nunca es una opción, por ti y por tus razones de vivir, que en mi caso siempre han sido mis cuatro mujeres… dos hermanas, una madre maravillosa y esa compañera de vida a la que busco sin buscar, y a la que me está costando encontrar, aunque no tenga precio lo que estoy aprendiendo y viviendo por el camino. Se pasa mal cuando no puedes correr, y hasta te duele caminar, cuando llevas el corazón lleno de espinas, y cada vez que intentas limpiarlo quitando alguna… sangra. Pero tienes claro que debes seguir, que debes sangrar… para curarte, recordándote que no debes dejar de caminar, antes de volver a correr, y sobre todo, no puedes oxidarte. Si la vida te tumba, levántate, o sino podrías acostumbrarte a vivir en el suelo. Si algo te da miedo, enfréntalo, o podrías desarrollar una fobia que te limite el resto de tu vida, en lugar de aprender y crecer.
Y entonces llega el resurgir, a veces más de golpe, otras paulatinamente. Sientes de nuevo tu fuerza, tu optimismo y tu corazón rabioso… y cicatrizando, más limpio de espinas. Llega el momento en que ves en el espejo el fuego en tus ojos, y ves que de las cenizas está surgiendo una llama… y el Ave Fénix palpita dentro de ti deseando brotar como una flor. Entonces llora o grita, o todo a la vez, déjate llevar sin miedo… ¡Arde!… y resurge tú de esas llamas, sacando una versión más fuerte y sabia de ti al mundo.
 

Foto de Ben Gursky en Pexels
 
Es vital recordar y ser consciente de los ciclos de la vida, aferrarte a los buenos momentos para usarlos de vitamina, y salvavidas, en los malos. «Subes y bajas, la vida es así…» y debemos estar preparados para esos ciclos, manteniendo la calma cuando todo se derrumba, resurgiendo con vitalidad cuando pasa la tormenta… hay que saber cuándo sobrevivir, y cuándo supervivir, el mundo nos lo recuerda, a través de esos seres que hibernan con el frío o se esconden en el invierno, y en primavera vuelven con fuerza para comenzar un nuevo ciclo vital. Nuestro mundo funciona en base a esos ciclos.
Así que después de arder y quedarme en cenizas… perdiendo mis alas, ha llegado el momento de renacer de las cenizas, un poquito más sabio, y más ligero. Es el momento perfecto para emprender el vuelo y sobrevolar las nubes, sin olvidar lo que es vivir a ras de suelo, y valorando y agradeciendo lo que es surcar el cielo, aunque solo sea unos momentos, cuando la vida te sonríe y el optimismo llena tus venas. ¡Sí! respiro hondo mientras puedo, sintiéndome pleno, al final… la vida se trata de estos momentos, y los tránsitos hacia ellos.

Que nunca os falte el recuerdo de esa luz al final de todo túnel.
Qué nunca olvidéis que arrastrarse por el barro le da sentido a volar.
Que nunca dejéis de aprender de los errores, y perdonaros por ellos,
agradeced cada día los mil regalos de la vida, en lugar de obsesionaros con los que os falta.
Disfrutad la libertad sin necesidad de perderla, y la felicidad incluso aunque viajes hacia ella.
 


 

Nov
12
2021

«Uno conoce a su pareja en el adiós»

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Desde dentro...     2 comentarios


El otro día me crucé con un texto en Instagram que pude encontrar gracias a la colaboración ciudadana y dos amigas que casi a la par, me dieron la respuesta y me facilitaron la imagen que tanto me ha dado que pensar estos últimos días:


Por cierto, genial Bebi Fernández, se ha ganado otro seguidor más, y supera de largo el medio millón.

Esa cita me pareció tan interesante al leerla, que se me quedó marcada. Sobre todo, esa primera frase «Uno conoce a su pareja en el adiós«, una de las citas más sabias y ciertas que he escuchado. Cuando una persona está interesada en ti, en gustarte o caerte bien, tiene una cara muy diferente a su verdadera cara, y eso sucede en muchísimas facetas en la vida… las máscaras están al orden del día, y no solo en el carnaval de Venecia.
Este fin de semana, una amiga me contaba cómo tras divorciarse, vio una cara de su marido que nunca antes había visto, despechado y herido pese a haber sido él el que ponía los cuernos. Otra persona me contaba poco después algo parecido, sobre cómo tras su separación empezó a ver cosas muy raras en una persona con la que había compartido media vida y que ya no tenía nada que esconder. Y permitidme que diga que, pensando en este tema, yo estaba orgulloso en cómo en mi última ruptura seguí siendo la misma persona que era, sin cambios de carácter ni falsedades o mentiras, ni por supuesto una violencia a la que jamás le veré sentido cuando es dirigida hacia alguien a quien has amado. El amor bonito, el sano, solo arde en la cama.

También he recordado cómo en muchas otras ocasiones… he vivido en mi piel la furia de personas que cuando yo no quería acceder a sus deseos, que normalmente eran de pareja, se ponían «locas» de ira dejándome claro que sí, que había acertado al tomar mi decisión. Y sin embargo, otras personas, muy pocas, seguían siendo las mismas entendiendo mi comportamiento, aún cuando no era ni comprensible ni excusable, pero ellas seguían siendo las mismas. Mi mejor ejemplo es mi querida Ana V, que por encima de todo se quedó en mi mundo, siendo una amiga sensacional y coherente a la persona que yo había conocido. Pero no puedo poner muchos más ejemplos, la verdad, de gente coherente… la mayoría de las personas ponen de manifiesto quienes son tras una ruptura, y normalmente la cara es muy desagradable una vez se ha perdido la compostura, y cuando saben que no pueden aspirar a recuperar el amor… de desenmascaran de verdad.

No tengáis miedo de descubrir la verdadera cara de alguien.
Es mucho mejor hacerlo estando seguros, que corriendo delante de una horda de caníbales.

Nov
4
2021

Sabor a tormenta

 Escrito a las 18:00     Archivado en: Desde dentro...     Añadir comentario


Desde que yo era niño, a algunas personas le llamaba la atención mi «exceso» de sensibilidad, supongo que no es habitual en un niño que pretenda ser un «hombre» como «Dios manda». Pero es que desde pequeño, me parecía muy «simple» la mente de mis amigos varones, y valoraba más la profundidad emocional de las mujeres. Y eso nunca supuso ningún problema para mi sexualidad, atraído quizás en exceso por la maravillosa mente de una mujer, y alejado mas del vacío de algunos de mis compañeros de género. Durante años se decía que los hombres no debían llorar, como rezaba aquella canción del que más tarde entonó el «los hombres no se deben vacunar», y aunque cada día se avanza mucho en algunas cosas, dentro de este curioso periodo de evolución que ha llegado con el nuevo siglo, yo ya entonces comprendí sin miedo que llorar no solo no es malo, sino que es un delicioso cortocircuito del corazón que merece la pena disfrutar, llorar es derribar diques en tu alma para que te llene un precioso mar de emociones que al desbordarse te limpian y refrescan, aunque a veces dejen en tu boca un salado y delicioso sabor a tormenta.
 

Foto de Stein Egil Liland en Pexels
 

Oct
22
2021

No puedes llevar a quien no quiere llegar

 Escrito a las 18:45     Archivado en: Desde dentro...     Añadir comentario


Ayer contemplaba el milésimo mensaje de una amiga maldiciendo a su ex.
Está claro que las maldiciones no funcionan, pues de ser así, este hombre ya habría muerto aplastado por un piano que habría caído directamente del cielo. Tras semanas de investigaciones y una portada de «Más allá» nadie habría encontrado explicación a tal suceso, sin saber que el odio puro pudo materializar un piano en el aire que convirtió a un gilipollas en una pegatina.
Al leer una broma sobre él que había escuchado por primera vez ya hacía muchos años, y desde entonces, cientos de veces, pude ver mi propia cara de: «¿En serio?«, siendo consciente de que si escuchas una misma broma desde hace tiempo, es que quizás no haya habido ningún progreso en la gestión emocional de la materia. No sé, al leerlo, me cansé de pronto. Pensé ¿Cuánto tiempo más puedo remar en esta amistad? Todo el día anima que te anima, sin moverme del sitio pese a que mi positivismo nunca deja de recibir descargas negativas por parte de ella. Los que me conocen saben que soy optimista, a veces insufrible, y siempre animo a la gente con elogios y buen rollo, dentro de mis posibilidades. Con elogios honestos, con esperanza e ilusión, con sonrisas y con fe intento soplar a favor aunque esa persona se tire al suelo y se agarre a las baldosas para no moverse, luchando por anclarse a un pasado que dice aborrecer. A veces todo su mundo es un huracán que quiere moverla hacia delante, y sin embargo, sigue reptando por el suelo hacia atrás ante nuestra sorpresa.
De repente me sentí ridículo soplándole para que avanzara. Pensaba en todas las horas animando, en las horas hablando de esas más de cien mentiras que hacen que la vida valga la pena, e intentando que fuera hacia delante… y en lo inútiles que me parecían todas ellas cuando volvía de ese modo a aquel primer momento en que me contó todo.
Así que ahí estábamos, en una jodida barca imaginaria en medio del puto atlántico, conmigo remando hacia el faro y ella farfullando sobre la vida, la gente tóxica y la falta de esperanza. Su voz se fue diluyendo con el silencio hasta que dejé de escucharla, respiré hondo, coloqué bien los remos y me bajé de la barca, ni me sorprendí al apoyar mi pie en el agua y poder caminar sobre ella, y puse rumbo tranquilo hacia la costa. El agua parecía humo y no era capaz de mojarme, y en mis pies sentía cómo si caminara descalzo sobre césped. A mitad de camino me giré para mirar atrás, y allí seguía ella haciendo aspavientos con las manos hacia el sitio dónde estaba yo hace un rato.
Me pregunto cuándo se dará cuenta de que me he ido.


Animación de «Misa de Medianoche«, una gran serie que podéis ver en Netflix.


Oct
18
2021

El cabrón de mi mi «yo» conciliador

 Escrito a las 19:00     Archivado en: Desde dentro...     Añadir comentario


Cuando era un moco que empezaba a salir con sus amigos de pubs y discotecas, hubo un día en que un amigo mío que bebía, celebró su borrachera besando a una moza que pasaba por su lado. A la chica debió gustarle porque siguió liándose un rato con mi amigo. Al cabo de un buen rato, mi amigo se cansó y la mandó a paseo, sin ni siquiera saber su nombre. La chica, bastante mona, llamó a su hermano mayor y a unos amigos, que amablemente se disponían a hacerle una cirugía estética facial gratuita, cuando aparecí yo. Intercediendo y haciendo uso de esta labia con la que nací, acabé convenciéndoles de que amigo no era malo, que tenía problemas en casa y bebía demasiado, y que por favor lo disculparan. Se fueron el hermano y sus amigos y me quedé hablando con la chica afectada por todo el embrollo… con la que una semana después tenía mi primera cita.
Creo que tuvimos dos citas. La primera estuvo tres horas diciéndome cómo sería nuestra relación, sin ningún fallo de planificación.
Ella lo había dejado clarísimo, ella sería mi esposa, y al menos tendría a mi lado una mujer preciosa, aunque algo mandona.
Una semana después apareció una pelirroja con una boca increíble y ojos verdes en mi instituto, y lejos de cualquier previsión, quería conocerme, así que tuve que hacer unos retoques en el plan.
Hasta que dejé a la chica que mi amigo había besado sin preguntarle ni su nombre, yo sostenía que era diferente a todos los demás hombres con la cabeza bien alta, desafiante y seguro de lo que decía.
Desde ese día dejé de decirlo.
 

Foto de cottonbro en Pexels
 

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  Earl grey con cookies de...

...un celtíbero errante, un androide defectuoso y con sentimientos, un yeti en calzoncillos en busca de otros eslabones perdidos, coleccionista de sonrisas y momentos que atrapar con el cazamariposas que los años ha tejido, pintor de acuarela en un día de lluvia, que con su sonrisa desnuda y la mirada perdida, te espera sentado al borde de un acantilado.

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