Y yo me muero de…

Hierven los clubs y los adolescentes
Comen pastillas de colores
Harto de mal vivir el siglo veinte
Muere de mal de amores…

Cómo está el puto planeta, y yo tengo mi vida un poco acorde al mismo. Y sin embargo, tengo fe en medio de este caos, creo en poder hacer las cosas mejor, y que no todo lo malo que me ha pasado es fruto de mi mal hacer, sino que la otra parte… también tiene su pequeño trocito de culpa. Cuando discutes con alguien, cuando te enfadas, debe pasar un tiempo hasta que eres capaz de volver al estado en el que resulta posible el diálogo y el entendimiento, y si realmente esa persona es más importante que tu orgullo, vuelves. Obviamente, tienes todo el derecho de tachar a esa persona de tóxica y alejarte de ella, pero quizás te equivoques si reaccionas así ante cada devenir de la vida, y es que las personas no somos tóxicas por tener una mala época, incluso plagada de errores, todos nos perdemos en algún momento. Hace falta algo más que eso, recuerda el trato que te ha dispensado alguien, su forma de cuidarte y estar a tu lado, sus gestos y su modo de conectar contigo, los cientos de gestos de amor o amistad que sí hablan honestamente de vuestro vínculo, y no una tormenta de incomprensión y dolor que acabo separándoos… si algo se tuerce, enderézalo y no renuncies a ello, ambos podéis perder algo de vuestra vida que no tiene precio.

 



📷 Imagen de Svetlana Obysova en Pexels (Thanks!)

 

A lo que voy, que me desvío. Estoy llegando a un punto de mi vida en que siento como personas que hace tiempo fueron importantes, se alejan de mi. Algunas veces más rápido, otras más despacio. Cuándo hay amor, peleas por quien quieres, y creo que en estos casos lo he hecho, pero cuándo te cansas de pelear una y otra vez con lo mismo, llega el hastío, y entonces sí llega la pérdida verdadera. Cuándo pides socorro muchas veces, cuándo abres tu corazón y muestras tus miedos a alguien, y pese a todo no hace nada, agachas la cabeza, aceptas, y tomas un nuevo rumbo. Eso mismo seguro que pensó ella antes de renunciar a nosotros. Ojalá me hubiera creído cuando le dije que fue una etapa dura, pero que nunca dudé de mi Norte. Yo creería a alguien a quien quise si se disculpara por haber sido un imbécil, y quisiera recuperar su rincón en mi mundo.
Dos veces que he cogido el desvío. Debería retomar mi terapia.
Pero no, hoy quería hablar de amistad, de personas con las que te duela más o menos, debes cerrar la ventana que comunica vuestros mundos, y personas cuyo valor y energía bonita hacen que debas viajar a dónde sea para recuperar ese vínculo, y volver a abrir una ventana entre vuestros corazones. En eso estoy, en ver qué ventanas abrir y cuales cerrar, y creo tener la determinación y consciencia adecuada para hacerlo, si bien no será un proceso sencillo ni rápido.

Y yo me muero de…
Ganas de decirte que me muero de…
Ganas de decirte que te quiero

Por mucho que me duela… no, no quiero personas en mi mundo de esas que demasiado a menudo te hacen sentir usado. Es curioso cómo la energía de las personas cambia, sintonizando mejor con unos que con otros. Supongo que es inevitable, y parte de los cambios de la vida. Y por personas que habría puesto la mano en el fuego, ahora sé que me quemaría. Pero en lugar de hablar de lo que quiero dejar atrás, hablaré de lo que quiero encontrar por delante:

¿Qué quiero? Quiero gente bonita, dulce, que unos días te cuenta sus penas, y que otros comparte sus alegrías, pero que quiera apoyarse en ti… y apoyarte. Gente que te pida películas, pero que también te las recomiende. Gente que celebre tus regalos, y a ser posible, que también te los haga. Gente dispuesta a ser tu bastón, y gente que te pida que seas el suyo en sus peores momentos, que seas el suyo. Gente que te abrace, gente que sea justa y sincera, gente que no huya si llega un huracán, y que le plante cara con una sonrisa. Gente optimista, gente realista, gente noble. Gente rara, muy rara, que te enseñe mundos extraños que no conocías. Gente buena. Gente Valiente. Gente apasionada por la vida, que no se mienta sobre el mundo que le rodea. Locos cuerdos. Gente que te mire a los ojos cuando hable contigo. Gente con la que celebrar la vida, en una deliciosa muerte por mojitos. Gente corazón, gente vida. Gente de verdad, sin máscaras ni redes sociales. Gente que lejos de definirse como auténtica, bondadosa y humilde, lo sea aunque jamás lo diga.

Y quiero seguir luchando por ser yo
una de esas personas que me encantaría tener en mi vida.

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