Sugiero que el más triste de los presos, tenga derecho a sábanas de seda…

…bendita sea la boca que da besos,
y no traga monedas, y no traga monedas…»

Me vino a la cabeza esta melodía semisagrada, y al buscarla en Spotify me di cuenta de que no aparece; ocultaré mi indignación por ello, y seguiré divagando mirando de reojo a esos puñeteros cabrones verdes que no dejan de quitar música en lugar de sumarla, me pregunto si dentro de unos años solo existirán las canciones ellos quieran, las que más escuche la gente, las que estén de moda, y las demás se diluirán en el océano del tiempo y el olvido, sin duda eso revitaliza mi teoría de que hay que tener una colección sana y propia de MP3 pese a Spotifies e iTunes.
La verdad es que últimamente (meses, más bien), ando más desmusicalizado… no suelo ponerme los cascos en el autobús, e incluso en el coche voy en silencio, tampoco descubro tanto música como antes. Pero siempre vuelve Sabina con sus letras, que quizá no animan demasiado, pero ayudan a regodearse y darse un baño de realidad, de sentimientos, que hay que «disfrutar» todos los estados de ánimo, desde tocar fondo (momento en el que debes pensar «ahora ya solo puedo subir»), hasta los días grises que buscan desesperadamente un color…

…Y algunas veces suelo recostar
Mi cabeza en el hombro de la luna
Y le hablo de esa amante inoportuna
Que se llama soledad…»

Y con esa mezcla de dejarse llevar por la corriente, con un «sigue nadando», y un «siempre hay esperanza», se mira hacia un futuro que a veces la vida nos recuerda que es tremendamente incierto, solemos olvidar que cada hora es un regalo y que el haber vivido muchas, no nos garantiza el vivir muchas más. Y no, no es algo negativo, es realista… solo cuando ves el borde del precipicio puedes darte cuenta de lo mortal que eres, e intentar vivir entonces mejor, más en presente, sin culparte por tu pasado, sin soñar con el futuro, intentar coger esa libertad por la que hemos muerto y matado, e intentar usarla adecuadamente…

…Soy del color de tu porvenir, me dijo el hombre del traje gris
«No eres mi tipo» le contesté, y aquella tarde aprendí­ a correr
Al pisar la estación le abrí­ la jaula a mi corazón
Tras las montañas estaba el mar, la noche, el vértigo, la ciudad
El mundo a cambio de una canción, me daba un plato, un beso, un colchón…»

Cuando vives mil etapas, entre tormentas y calurosos veranos, te centras en mantener la calma y el equilibrio todo lo posible, según ganas años aumenta tu amor por la paz y la tranquilidad. Siempre me ha despertado curiosidad el pensar cómo me sentiré dentro de unos meses, o dentro de un año… y es increíble cuánto puede cambiar todo, desde ese vital «quien tienes a tu lado», o «cuales pueden ser tus sueños». Quizás cuando la vida te sacude violentamente tan solo quiere que despiertes, y no se cansará de intentar que lo hagas, hasta ese día y momento oportunos… en que así sea.

…Incluso en estos tiempos
De aprender a vivir sin esperarte
Todos los días tengo recaídas
Y aunque quiera olvidar no se me olvida
Que no puedo olvidarte…»

Si alguna vez he dado más de lo que tengo
Me han dado algunas veces más de lo que doy
Se me ha olvidado ya el lugar de donde vengo
Y puede que no exista el sitio a donde voy…

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