Esquiva cordura

Hoy he tenido un día con dos o tres momentos extraños, de esos que los frikis identificamos perfectamente con un «fallo en Matrix». No son dejavús pero sí de la misma familia. Es escalofriante tener la sensación de que alguien con quien hace tiempo que no hablas te va a escribir y que lo haga, da un poquito de miedo. No deja de ser una prueba de esa conexión entre todos, de ese «Internet» entre personas tan poco estudiado y al que quizás algún día la ciencia le de una explicación.
A veces creo volverme loco, perder el Norte, ahogarme en una soledad que no siempre entiendo ni soy capaz de perdonarme, incapaz de ver la luz que se esconde tras todo eclipse, oculto bajo una montaña de papeles llenos de incomprensiones, peleas, e insultos que no hacen sino esconder la verdad de un amor imposible de ocultar.
En esos momentos no tiene precio tener a tu lado a alguien que te diga «No, no estás loco«, alguien que te diga «Hiciste lo correcto«, alguien que te diga «Yo habría hecho lo mismo que tu, pero quizás antes, qué paciencia tienes«, con esos elogios eres capaz de sentir esa brisa que en días tan calurosos como los que han visitado la capital este verano supone un alivio que casi no tiene precio.
A veces el mundo parece querer abrazarte, y otras, darte una o varias patadas en los huevos.
Y no te queda otra que pararte a escuchar, para ver qué dice, y no te queda otra que intentar entender su balbuceo mientras sigues perdido. Y en esos momentos me aferro a la idea de que estar perdido, es siempre el paso previo a reencontrarse.

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