Los «víctimas»

¿Crees que existe una conspiración en tu familia contra ti?
¿Sueles llorar cuando alguien intenta hablar contigo de temas serios?
¿El miedo te hace huir despavorido o enfadado al tratar temas que no te gustan?
¿O eres acaso… de esa gente que si escuchan algo que no les apetece oír sienten heridos y se meten en la cama varios días?
Si la respuesta es «puede» a cualquiera de las tres preguntas, es bastante probable que no sea del todo fácil hablar contigo, y si sigues por ese camino… podrías convertirte en un «víctima» de la vida, creyendo que el mundo tiene algo contra ti tanto si es así, que a veces puede ser, como si no lo es… que suele ser la mayoría del tiempo.

El otro día caía en la cuenta de cómo con algunas personas en mi vida he perdido contacto poco a poco. Analizando las causas… tengo ante mi las más diversas, no siempre es fácil identificarlas. A veces es falta de conexión, otras exceso de toxicidad, otras… que es gente que se aprovecha de ti y te quiere cerca para alimentarse. Y el otro día caía en que la gente que te pone mil normas para estar cerca de ellos, acaban agotándote, es como bailar en un campo de minas. Y yo que valoro mucho la libertad, al menos la que creo tener, llevo muy mal las relaciones condicionadas y con «normas», más allá del respeto que siempre debe estar sobre la mesa.
Aunque no siempre lo he hecho bien, no puede haber tabús en una pareja, por ejemplo, ni temas que no puedas tratar por miedo a una explosión de gritos y malos rollos. Ni por supuesto en las amistades. Si esos temas existen, está claro que o destierras esa parte de ti… o te enfrentas a una batalla tras otra. O se acepta a las personas tal y como son, o la cosa está complicada.
Con la familia carnal, no la elegida, las cosas son distintas. Tienes que tragar mucho y acostumbrarte a bailar a lo «thriller» sobre campos minados de temas que no puedes tratar por invocar los demonios familiares. Y eso, a menudo, también agota.

Y es que es tan sencillo como que si no puedes hablar de todo con alguien… no estás cómodo.
Si no estás cómodo, cada vez te apetece hacer menos esfuerzos por ver a esa persona.
Sin esfuerzos, cada vez la ves menos…
Y puede que algún día te pregunte: «¿Qué nos ha pasado?»
Y tú le respondas: «Yo si quieres te lo cuento, pero no será fácil de oír.»
Y todo se quedará en un: «Ah, pues nada, no quiero malos rollos…»
Y que siga agonizando lentamente…

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