Archivo 11 de diciembre de 2020

Dic
11
2020

Pequeñas grandes batallas

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     6 comentarios


Cuando hago un recorrido por otras vidas, me doy cuenta de lo difícil que es el mundo y sacar adelante esta existencia. No sé si alguien ha tenido una vida fácil, y por mucho que el dinero ayude, no garantiza para nada el no perderse, no engañarse, no tropezarse, no caerse… para levantarse, o no. No, no es nada fácil, aunque haya grandes momentos en los que lo parezca, y fluyamos como agua o viento… en otros nos sentimos lodo o piedra.
Ayer recordaba a una amiga a la que le diagnosticaron hace un par de años una enfermedad degenerativa que la dejará en silla de ruedas en unos años ¿Cómo se puede llevar algo así? Tiene que ser terrible ver crecer a tu hija sabiendo que en unos pocos años… no podrás interactuar con ella del mismo modo, y que te consumirás más rápido de lo justo o esperado.
También tengo una amiga que decidió por fin ser valiente y montar su negocio a principios de año, eligiendo para ello el montar un pequeño local de celebración de eventos, cumpleaños y fiestas infantiles… que creo que ni llegó a inaugurar por la llegada de la gran pandemia. Si ya su vida era difícil y estaba al límite, no imagino lo que debe ser su día a día tras este traspié del destino y escoger el peor momento posible para dar un salto al vacío.

Y esta semana mirábamos cómo ayudar a una chica, y su hija, que por una infección de Covid se han quedado aisladas, sin poder trabajar, y sin recibir comida o alguna bombona de gas que les permita luchar contra el hambre o el frío. Pidieron ayuda a los servicios sociales, y les dieron un litro de leche, qué cruel desvergüenza. Por lo visto, poco después, una familia de amigos les acogió, y la niña se dedicó a hacer trastadas hasta que les echaron ¿Hasta qué punto nuestra suerte es algo que buscamos o que nos encuentra? Cuando ves cómo hace las cosas una persona, a veces te preguntas si puedes ayudarla o por mucho que hagas acabará en el mismo agujero… no es nada sencillo. Cuántas personas hay que no quieren ser ayudadas, o que tienen una oportunidad y la estropean incapaces de adaptarse a una vida más equilibrada y alejada del precipicio. Yo decía con respecto a esta chica “le ayudaremos con una compra grande del Aldi o una bombona o dos, pero ten cuidado… que hay personas que te arrastran con ellas al fondo“. El tiempo dirá si tenía razón o si todo se coloca en su sitio.
Ayer hablaba con mi madre de una amiga cuyo hijo merece ser echado de casa, y ella me decía que una madre no puede hacerle eso a un hijo… y claro ¿Cómo voy a entenderlo? Yo soy capaz de verlo fríamente, pero desde dentro… no es tan fácil de ver, y las relaciones se enfrentan a meses o años de deterioro antes de morir, aunque luego con distancia pensemos “¡Cuánto tiempo perdido!”, supongo que no lo fue si nos ayudó a evolucionar, a cambiar, a aprender qué necesitamos y qué no soportamos, a medir límites, a enquistar sentimientos y a tatuar en nuestro recuerdo personas y momentos irrepetibles que nos definen y le dan valor a todo.

Cuando miro atrás sé que he sido injusto con personas con realidades muy complejas, cuyos matices apenas alcanzaba a comprender. En su día, fui muy crítico con las mujeres casadas que buscan fuera un amor de verdad que su pareja les niega, supongo que estaba dolido por haber estado enamorado y haber sido incapaz de encontrar el equilibrio con esa persona, pero la realidad es que es muy difícil, sino imposible, comprender a una persona casada… sin haberlo estado, o comprender a un padre o una madre, sin haberlo sido. En fin, que siento si en su día fui vehemente y estúpido, si algo debe ser perdonado es un corazón loco de amor, que pierde todo Norte y solo puede vivir por una causa, por una persona. Para batallas, aquella que protagonizan corazón y razón, legendarias e indomables, a muerte y a fondo, tan únicas… cómo útiles para recordarnos que seguimos vivos.

Son esas pequeñas grandes batallas las que nos ponen a prueba cada día, las que definen si nos toleramos más o menos al vernos en el espejo, si nos perdonamos por el amor que se nos escapó porque no supimos cuidarlo, ese molesto eco de que de poder hacer algunas cosas otra vez… el final sería muy distinto. Esa lucha, de una madre que no se siente querida, contra un mundo que casi nunca está de su lado y del que sabe tiene que sacar bien parado a su pequeño tesoro, aunque su pareja no esté a la altura de su tacón. El hijo que lucha por sacar a su madre de la ludopatía, el otro que lucha por que su padre abandone la botella. La mujer que le es infiel a su marido para obtener un poco de aire y cariño que le permita seguir adelante sin derrumbarse por completo. El machito que colecciona amantes para reparar su autoestima incapaz de procesar emociones o sentimientos. El hombre que no puede dormir al no saber cómo dar de comer a sus hijos mañana, y otro que ayer estrenó sin valorar demasiado un BMW todoterreno con el último año de ganancias en su empresa de importaciones de China.

Este mundo loco y lleno de contrastes, grandes tormentas… guerras diarias, héroes sin capa, mártires con cruz, no dejemos nunca de caminar y de luchar por esos grandes momentos que le dan sentido a todo, y hacen que este baile, a veces descalzos sobre cristales, merezca la pena. No perdamos la melodía, no olvidemos, perdonemos nuestros errores, luchemos por aquellos que nos quieren al menos un día más… porque mañana saldrá el Sol, y quien sabe qué nos traerá la marea.

Nunca olvidéis, que luchamos y seguimos al frente…
 

Porque la vida puede ser maravillosa.
 
Andrés Montes
(1955-2009) ¡No te olvidamos jugón!

 

Autor

  Boletín no diario de...

...un poeta novato en busca de diccionarios donde encontrar letras y colores que dibujen cielos y momentos, amante de la vida y sus Nirvanas, de canciones, gestos, olores... ¡Cómplice de atraco a palabra armada junto a Joaquín! Busco el hueco para deslizar mis dedos húmedos y lascivos por entre las piernas de la vida, mientras avivo mi mirada de Peter Pan, mientras con detergente me esmero en conservar el alma lo más blanca posible.

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