Atrapado en un círculo

Me fascina este mundo,
y cómo las matemáticas lo diseñan.
Las simetrías, la aritmética,
las proporciones áureas…
el orden, la armonía,
¿Sabías que está demostrado que las caras simétricas nos parecen más hermosas?
Y sin embargo… no puedo evitar que me guste también lo contrario,
pues le da sentido a lo primero,
el orden… hace que existan las anomalías.

Y en mi vida ese orden se ha hecho casi enfermedad (o no tan casi).
Existe una fórmula según la cual mi paciencia es proporcional al tiempo que alguien lleva en mi vida, y a una variable determinada por un vínculo especial de esa persona en tu alma, sumándole las veces que acarició tu corazón con su amistad y sus gestos. Eso hace, que me considere incondicional de mis cuatro o cinco amigos más cercanos, que tenga unos cuantos conocidos especiales por los que luchar… y que el resto de las personas tengan que ganarse mi tiempo.
Llega una persona nueva a tu vida, y es como si abriera un círculo ¿de qué lo llenaremos? Ambos aportamos cosas, como cariño, esfuerzo, ganas de compartir cosas, apoyo, buenas conversaciones… si ese círculo se queda vacío acaba cerrándose solo, e incluso desaparece.

He abierto y cerrado muchos círculos en mi vida,
no tengo claro si más o menos de los que me gustaría.
De la mayoría, guardo un grato recuerdo,
aunque solo durara unos días, lo compartido fue bonito.
Otros quieres olvidarlos cuanto antes,
algunos incluso ya lo he hecho, sin pretenderlo.

Sin embargo, nunca había estado ante un círculo que es imposible cerrar.
He de confesar, que me pone nervioso, llevo varios años mirándolo… y no parezco dar con la solución.
Si vas por un lado y lo cierras, se abre por el otro, y así, una y otra vez, cuando crees haberlo cerrado te das cuenta de que solo es cuestión de perspectiva, y que en otro lado, aunque no lo veas, sigue abierto. Es un círculo enorme, claro, tanto como el corazón humano.
He probado a escapar, y seguía a mi lado, he probado a esconderme en las profundidades… e incluso allí estaba.
He probado a vivir en él, dentro, y era mi hogar hasta que se empeñaba en echarme, sacándome otra vez fuera.
He escuchado consejos, he preguntado a los cuatro vientos, y ahí sigue… ya asumo que solo yo puedo resolverlo.
Sí, no hace falta que lo digáis, incluso he intentado dejarlo abierto…

Es parte de mi, y sin embargo… no soy yo.
Y al mismo tiempo tengo una sensación muy clara:
Si no cierro este círculo, nunca estaré completo.
 
 



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