Un paseo por el campo

Este fin de semana pude reencontrarme con la naturaleza de un modo que hacía muchísimos años que no me pasaba. Me tiré en la hierba y las hormigas se pelearon entre ellas en pugna por quien de ellas declaraba suyo mi cuerpo cual nuevo continente aparecido en su mundo, caminé de puntillas por los senderos para no pisotear a las ranitas de apenas media uña de tamaño que salían del charco para buscar su hueco en el gran mundo, me detuve a mirar los insectos emborrachándose en las flores, competí con una oveja a ver quien de los dos gritaba más e incluso recogí los huevos de unas gallinas que me miraban mal y estuvieron a un tris de comenzar una batalla conmigo que no sé quien de los dos habría perdido.

Amapolas

Fue una vuelta a lo simple, a lo básico, a lo primordial. Que el agua no sea algo que sale del grifo sin más, sino que sepas de qué pozo sale, y que no debes desperdiciarla, y que la luz sea natural y la electricidad un bien escaso y muy controlado. Cuando la leche no se calienta en microondas y sí en una pequeña cacerola, al fuego, y la tortilla de patata ya no es amarilla… sino naranja, por la calidad de las materias primas que le dan forma y elevan su sabor a los altares culinarios.
Cuando la noche es la excusa perfecta para sentarse a hablar a la luz de un farol, y te acuestas pronto pues el Sol acabará dictando a qué hora debe comenzar tu día, y tendrás muchas cosas qué hacer.

arbol

Me fasciné por lo diferente que es todo, por lo lento que pasa el tiempo alejado de más tecnología que aquella que pueda hacer una foto o introducir una melodía. Esa otra velocidad, esa pausa, ese arrullo incesante de los cientos de insectos que se unen en un zumbido que solo se atreven a romper cigarras, grillos o pájaros, componiendo juntos una canción. El buitre buscando presas mientras el conejo cruza con miedo los caminos, los pájaros que han anidado en una persiana que ya no podrás abrir hasta que dejen el nido sus chiquitines, pues eres parte de esa ecuación.

A veces el campo, silencioso y humilde, te recuerda sin palabras, que vives demasiado deprisa, que te ahogas por correr para cada cosa que haces, y que hacer más cosas en poco tiempo no significa necesariamente que sea aprovechado. El campo te recuerda que hay otro modo de vivir, que te puedes llenar de vida, y te susurra al oído su secreto: «Tan solo respira«

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Bruma dice:

    Que precioso visualizarte y saborear la simplicidad y autenticidad de las cosas. Gracias por compartirlo. :*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies