A5

May
30
2020

Un año para gobernarlos a todos

 Escrito a las 11:11     Archivado en: A5, Desvarios     2 comentarios


¿Cual ha sido el mejor año de tu vida? ¿Eres capaz de elegir uno? Yo no lo tengo claro… sé que mis 23 y mis 24 fueron geniales, pero más por la frescura que por otra cosa, por mis primeros actos sexuales desinhibidos, por la abundancia de amigos, por el amor, primeros trabajos en Madrid… yo que sé. También me gustaba de mis 23 que era el número mágico que llevaba Dios en su camiseta cuando bajó a jugar a baloncesto dentro del cuerpo de Michael Jordan. Sí, aquel fue un gran año.
Haber vivido mis 42 ha sido todo un desafío, y sin duda este año pasará a la historia por muchos motivos, además de los pandémicos. Quería haber hecho una gran fiesta al empezarlos, por ser un número mágico para los frikis (véase “El sentido de la vida, el universo y todo lo demás“), y ahora que los he acabado, no podría hacer una fiesta para celebrarlo aunque quisiera, qué vueltas da la vida. Este año mereciera ser celebrado por todo lo que me ha traído, tantas emociones y lágrimas, tantas risas y orgasmos, tantos sentimientos tan difíciles de explicar, y tan bonitos de vivir, aunque no siempre fueran fáciles..
He querido por encima de mis posibilidades, tengo cicatrices que supongo el tiempo irá cerrando, pero hay personas que te tocan el alma y que se quedan ahí para siempre ¿Cómo sacar algo que forma parte de ti?. Tanto en el amor como en la amistad, he tenido que dejar ir a personas a las que quería más de lo que puedo expresar con palabras, pero el entendimiento a veces es imposible… y por mucho que yo haya tendido puentes, es elección de la otra persona cruzarlos. Y al final, me aferro a recordar las risas y los buenos momentos perdonándome las cosas no dichas, o el no coger el teléfono algún día medio borracho y gritar “Joder, no seamos imbéciles“, una de las propiedades del tiempo es que diluye las cosas malas y sólo nos recuerda las buenas, pero aquello que te separó de alguien supongo que sigue ahí y aparecerá de nuevo si entre ambos, no se limpia a fondo lo sucedido. Y hay una cosa clara también, a veces, seamos mejores o peores, hay incompatibilidad entre personas, y ni toda la fuerza y amor del mundo puede unir a dos polos iguales de un imán. Y una conciencia limpia, no es solo fruto de la mala memoria, también los argumentos y una parte mayor de la verdad, estaba de mi lado en mis mayores conflictos del año. Así que… más lecciones vitales sobre dejar ir, estos últimos años eso ha sido muy importante para mi… y la otra lección del año, es que a veces hay búsquedas que solo se completan, una vez perdida toda esperanza, o cuando dejas de buscar.

“Al final de tu vida solo tres cosas importan:
lo mucho que amaste,
lo bondadoso que fuiste
y la gracia con la que dejaste ir
aquello que no era para ti.
 
Buda
 

Siempre hay esperanza, amor, vida, para nosotros y para los que dejamos atrás. Hace años aprendí que asomarte a las ventanas de quienes siguen habitando tu corazón (y ya no tu vida), puede hacerte daño. Así que no me prodigo por si acaso, pero de vez en cuando me asomo por la rendijita de las vidas dejadas atrás para ver que siguen bien. Entonces me invade la nostalgia, el malestar por no haber sido capaces de acabar bien el libro escrito por ambos, pero sobre todo, me conquista una gran paz al saber que alguien que quiero está bien, aunque yo ya no esté en su mundo para poder contribuir a su bienestar. Todos merecemos felicidad, plenitud, aprendizaje y vida, y no entiendo un amor que no desee a quien has querido, y querrás siempre, lo mejor cada día de su vida.
Este año también he aprendido que a veces los sueños se cumplen, y las búsquedas… encuentran. Que no estamos locos… si sabemos lo que queremos. Que para que te toque la suerte… has de poner de tu parte. Cuando mi barco de madera navegaba en una de las mayores tormentas que había visto en mi vida, encontré un faro maravilloso que no solo me llevó a tierra para salvarme, sino que me reservaba tantas maravillas, que he decidido quedarme a vivir en él.

Bueno, así que… felices 43 para mi, que hoy es mi cumpleaños.
Gracias a los que, pese a mi peor cara géminis, habéis pasado otro año a mi lado, espero que aceptéis a cambio el humilde pago de lo mejor de mi. Gracias a mi familia por ser siempre viento a favor, a Carlos y Vicky por ser los mejores “wingmans” que se puede tener en la vida, y a Virginia por se la copilota perfecta para esta vida. Y a Madonna que me ha recordado cuánto se puede querer a un felpudo con patas.
Los que os habéis ido… seréis bienvenidos si volvéis, si lo hacéis con amor y reconciliación, no con revancha o rencor. Suelo dar primeros pasos y pido perdones aún sin saber si son merecidos, pero creyendo que a veces son bálsamo necesario. Pero si eso ya no basta… tampoco mendigo ni me postro ante oídos que no saben qué quieren escuchar, creo que todos sabéis que aún siendo tonto, no tengo mal del todo el corazón, y es mucho lo que puedo aportar.
Más que nunca, la incertidumbre es el aire que respiramos, así que… seamos presente, para nosotros y para los demás.
Mis mejores deseos para todos vosotros y vuestros seres queridos en estos tiempos tan extraños.
Un abrazo y gracias por seguir por aquí cerca…

Abr
25
2020

El mejor momento de mi día…

 Escrito a las 13:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


Escrito antes del Covid… cuando todo era diferente y normal.

El despertador es cruel, y no tiene piedad,
llega un momento en el que se acaban los “snooze”, y hay que partir para el trabajo.
Tras ponerme el traje que hace de uniforme, pongo rumbo, aún dormido, a un autobús que recorrerá la sierra para llevarme al centro de la capital. A lo lejos, se ve un precioso amanecer y una enorme mancha negra que los políticos niegan, pero que asegura que allí solo hay que respirar lo necesario.
Tras el peregrinaje, y una vez cerca de mi trabajo, un buen desayuno hace que mi día comience oficialmente, perdido en la selección de vídeos idiotas de YouTube mientras la tostada va cayendo acompañada de un te moruno…
Después de mi ratito de paz empieza el frenesí:
Emails a las tantas de la mañana sobre fotocopiadoras que atacan a mis usuarios, portátiles que no llevan bien las caídas, hay que hacer un nuevo pedido de iPhones y… seguro que hoy llegará algún email de la moda de esta semana: más casos de coronavirus, que si hemos viajado nos quedemos en casa, está clarísimo que no van a sacar ninguna estadística demostrando que el propio trabajo, mata bastante más gente que el cruel y fatídico virus que se encoje de hombros diciendo “pero si no soy más que una gripe incomprendida”.
La pausa de la comida es siempre salvadora, una hora de paz y cosas ricas, y quizás con suerte cerrar los ojos media horita.
La tarde se lleva mucho mejor, incluso viviendo rodeado de informes. Hay que responder tres estupideces y dos cosas más razonables, parece ser que se ha acabado el sentido común en un par de departamentos, mientras alguien se acerca con una pregunta que antes de plantearte ha buscado en la red, ha probado mil cosas… y emocionado le echas una mano, no puedes llorar aunque tu corazón tiemble ante la proeza de la sencilla coherencia de intentar por ti mismo resolver algo, qué simple y qué escaso.
Llega el momento de partir para casa, hoy no regalo más fragmentos de mi alma.
Cojo un bus urbano y me hago fuerte en una esquina jugando a algo en el móvil.
Y luego otra estación, otro autobús, esta vez, directo a mi casa.
Me adormilo escuchando Alan Parsons Project y se me pasa, nunca mejor dicho, volando.
123 pasos separan la parada de mi casa, los camino contento, siempre sonriente.
Giro la llave para abrir la puerta de casa, y mi mundo se pone en pausa.
Me recibe el vaivén de la cola de mi hija peluda, y te escucho levantarte del sofá.
Vienes a mi con una sonrisa preciosa y una mirada limpia, para besarme sin prisa.
Nos fundimos abrazados, mezclando nuestros olores con besos.
Ahí estás…
eres el mejor momento de mi día.

 

 


 

Abr
11
2020

A veces

 Escrito a las 17:00     Archivado en: A5, Desde dentro..., Desvarios     comentarios cerrados


A veces el mundo se detendrá en seco, en silencio, quedándose mudo, quieto, expectante,
otras será vertiginoso, esquivo y frenético, buscando encontrar su ritmo, su “adelante”,
en todos los ambientes, encontrarás señales que definan tu camino, que salgan a tu encuentro.
A veces serás brújula, flotador o medicina, otras serás torpedo, timador… o serás herida,
a veces serás sonrisa, alegría y vida, y otras serás espina, serás lágrima, serás huida.
A veces tu corazón se negará a olvidar, en otros casos lo hará sin que te des cuenta,
a veces un amigo sacará brillo a tu coraza, otras la pondrá seriamente a prueba.
A veces deberías aprender que siempre debes fiarte de tu instinto, tu lado más sabio.
A veces te reirás al comprender la ironía, de lo mucho que te encuentras al perderte,
de que la felicidad que buscas ya viaja contigo, de que los mejores besos se hacen esperar,
de que no eliges aquello que no puedes olvidar, de que no hay camino recto que lleve al altar.
A veces entenderás que la suerte es humilde y se alimenta de agradecimiento y corazón,
y esos mismos días entenderás que la vida solo pide ser abierta y disfrutada cual dulce melón.
A veces echarás de menos a personas por las que darías media vida por un día más con ellas,
y te emocionarás del privilegio de contar con esos pocos buenos amigos que son brújulas,
jugarás con pasión al póquer de una vida que suele guardarse un as con el que sorprenderte.
A veces te sentirás grande, otras te verás tan pequeño, difícil es medir tu dimensión,
ni bueno ni malo, ni piel ni hueso, ni razón ni soberbia, sólo aprendiz y corazón.
A veces querrás plegarte y volver temeroso al útero que puso en marcha tu alma,
otras abrirás tus alas sintiendo que el mundo al fin y al cabo no es tan grande.
A veces brillas, a veces llueves, a veces tiemblas, a veces gritas,
a veces descubres que el sentido de todo es bailar,
entre la añoranza y el amor,
entre el deseo y el orgasmo,
entre tu boca y la derrota,
entre tu respuesta y mi pregunta,
entre mi mar, y tu cielo.
 

 


 
 

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Feb
21
2020

Solo vivir

 Escrito a las 12:00     Archivado en: A5, Desde dentro...     3 comentarios


A veces agota vivir en un mundo como este, lleno de redes sociales que persiguen acercarnos a… no sé muy bien a qué, pero lo hacen bajo el pretexto de tener cerca los que nos importan, cuando en realidad buscan medirnos, controlarnos y sacarnos utilidad comercial.
La realidad es que si queremos tener cerca a alguien, podemos abrazarlo, podemos coger el teléfono y llamarlo, disfrutar de su voz y su risa, y no un “jejeje” o ese “LOL” que escribimos sin inmutar las facciones ni nuestra cara, ahora ya no reímos por fuera… y necesitamos esas sonrisas para iluminar el mundo que nos rodea, para enriquecernos como colectivo, partiendo desde el individuo.
Yo confieso que me encantan las tecnologías y me fascinan las oportunidades que brindan, pero del mismo modo, a veces me cansan, me siento “viejo” cuando añoro la calidez, las tardes de baloncesto, las castañas entorno a la hoguera, los abrazos y las sonrisas, y no los mensajes de cumpleaños para cumplir por ir subidos en este tren de vida a veces tan frenético.
Una parte de mi van ese tren, trabajando con su portátil en mil proyectos y tareas, mezclando con ellas tareas personales para ir liquidando cosas pendientes, para seguir dando pasos… ¿al frente? No lo sé, cuesta saber hacia dónde va ese tren, y cuando intentas bajarte, estás esposado al mismo.
 
Pero yo he conseguido que una parte de mi se baje, y disfrute del ahora.
Quizás no lo comparta en redes sociales, pero a veces reboso felicidad.
Creo que las personas marcan la diferencia, y tengo la suerte de estar rodeado de verdaderos elementales del aire y del aire, del fuego y de la tierra. Ellos me recuerdan que lo importante es el olor de esa persona mientras la abrazas, que lo importante es colarte en su cuerpo a través de un escalofrío que explotará cual fuego artificial en su corazón, llenándole de calor. Lo importante no es ver una serie antes que nadie para que no te la jodan en twitter, sino elegir bien con quien ves esa serie y con quien compartes tu manta y su sofá. Lo importante es vivir cada día teniendo presente, que no vuelve, vivir cada persona sin saber cuánto tiempo podrás disfrutarla, impregnarte de la magia de un sitio o un momento para llevarlos contigo siempre, y no perdértelos haciendo fotos, algo que es muy habitual en mi.
 
La clave quizás sea esa…
Solo vivir
Lo demás, es accesorio.
 

 


 

Feb
7
2020

Relato: “Ese veneno lento”

 Escrito a las 11:11     Archivado en: A5, Relatos o Versos     comentarios cerrados


El rencor es un veneno a veces lento… pero que vaya a la velocidad que vaya acaba por consumirte — dijo Santiago mientras con un cuchillo de montaña, sacaba de sus uñas la roña acumulada en los últimos días. Con su barba recia, larga y descuidada, y sus ojos azules iluminando su oscura cara, su cuerpo parecía llevar semanas sin ducharse ni comer, y estaba lleno de marcas de barro y suciedad, mientras iba mostrando las primeras señales de desnutrición severa.
Tras un minuto de reflexión entre temblores, prosiguió:
Cómo te decía, el rencor es peligroso compañero de viaje, y he decidido liberar a una conocida a la que aprecio de su carga, y hacer un poco de justicia en su mundo… al final, esto podría ser parte de una cadena de favores, cuando haces limpieza… toda la estancia gana en habitabilidad, si yo me encargo de ti, no solo le hago un favor a una buena persona, sino que aporto mi granito de arena al mundo, y a mi me aporta el desahogarme de tensiones por las injusticias del día a día, que además… tu dolor es más que justo si vemos lo que has hecho.
Frente a él, un hombre estaba fuertemente atado a la butaca, con la cabeza baja, semiinconsciente. Era delgado y pequeño, e iba vestido como el clásico funcionario gris, con su cara a juego. Iba bien afeitado y con el pelo engominado revuelto por el ajetreo del secuestro, llevaba pantalón de traje, chaqueta mohína de lana y una corbata terrible. Estaba agotado y se movía lentamente, llevaban un día en esa habitación y sólo había estado escuchando a su captor divagar sobre la vida, ya hacía horas que había dejado de gritar y defenderse, y se había resignado a su suerte.
Santiago lanzó con dureza el cuchillo al suelo para clavarlo, despertando y asustando a su víctima, y cogiendo aire profundamente, prosiguió:
El rencor, querido pedazo de mierda, nos consume ¿no es así? Y nos convierte en aquello que no queríamos ser… ese es tu caso. Hace años, te conocí fugazmente, ni tan siquiera creo que repararas en mi, me pareciste buena gente y vi algo de mi en ti… me caíste bien. Así que me sentó fatal cuando años después me enteré que engañabas a tu mujer con otra, y que lejos de sentirte culpable, convertías tu amor en rencor para hacerle la vida lo más difícil posible, qué decepción más grande, querido Robert.
El corazón del secuestrado empezó a latir como queriendo escapar de su pecho y volver a casa, por primera vez había escuchado el motivo de estar allí preso, hasta entonces era todo una locura sin sentido. Aquel hombre le conocía, y conocía a su exmujer, ya lo había visto antes ¿Quien sería? ¿Cuándo se habían visto? Su confusión no podía ser mayor y su cabeza apenas podía hilar pensamientos coherentes buscándolo en su vida, habitaba un delirio febril apestoso y lúgubre, un pasadizo sin salida.
Durante años he escuchado cómo tu mujer sufría por cómo usas a vuestros hijos de armas arrojadizas, por cómo vives para hacerles daño, para complicarles la vida, para hacer todo del modo más difícil y doloroso posible… y eso que tú rompiste la familia liándote con otra sin reconocerlo hasta que ya era tarde y el daño era máximo, pero no estás dispuesto a permitir que ella rehaga su vida ¿no? aunque en torno a ella prolifere la luz y tú solo seas capaz de rodearte de podredumbre y mentiras. Disfrutas haciendo el mal, no solo para la que antes amaste por encima de todo, sino para los frutos de vuestro amor que son parte de ti… por consiguiente, eres malo de verdad, no solo estúpido, has tenido mil oportunidades de dejar hablar al corazón y ser justo, y sin embargo, las has silenciado. No siempre he hecho las cosas bien en mi vida, pero puedo hacer esto bien, puedo hacer justicia, y hacerte pagar por tus pecados…
Al escuchar aquellas palabras, se sintió culpable. Por unos momentos entendió lo cobarde y miserable que había sido, pero no tardaron en llegar sus egos para protegerlo y recordarle las virtudes que creía tener, así cómo su necesidad de sobrevivir y la verdad que él había visto en sus actos.
… así que debes elegir, te daré 30 minutos para convencerme de porqué debo dejarte vivir, o sino acabaré con tu miseria.
Levantó la cabeza para mirar a su captor sorprendido, exprimiendo su cerebro para buscar una salida a aquello. Eso hizo durante esa media hora, buscar salidas, negociaciones, modos de convencer a su secuestrador de que podía cambiar y ser mejor, para una vez libre poder denunciarlo, y sobre todo, hacérselo pagar a ella, culpable tanto si sabía que algo así iba a pasar como sino, culpable de la existencia de este amigo que le hacía un favor de lo más cruel. ¡Eso es! Pedir perdón como un loco, decir todo lo que quiere oír, y convencerlo de que compensaría su mal comportamiento con buenos gestos, cuidando de que no le falte nada ni a ella ni los niños… aunque de salir de esta, su intención era todo lo contrario.
Ya imagino por dónde vas — interrumpió Santiago cumpliendo el plazo — ¿Crees poder convencerme de que cambiarás? No sé si eres más malo… o más tonto. Este rato ha sido para que te ilusiones, para darte una esperanza que no mereces, cómo la que tuvo tu expareja cuando pensó más de una vez que retomabas el camino cordial y solo estabas preparando una trampa para seguir castigándola con denuncias falsas, mentiras y malos rollos. No tengo paciencia para regalarte más que media hora de esperanza, lo siento, ahora debes pagar. ¿Ves esa preciosa espiral que da vueltas a en torno a ti y que llega a tu silla por tu espalda? Qué bonita me ha quedado… con la silla anclada al suelo, no puedes ni acercarte a ella, y sin embargo, puedes verla bien. Según mis cálculos, son otros 30 minutos de reflexión, esta vez… ya no para convencerme a mi, sino para perdonarte. Esa mecha sale por aquella puerta, y la encenderé junto al primero de los 5 pitillos que me fumaré en tu honor mientras espero a que explote el barril de pólvora bajo tu silla. ¡Morirás como un pirata! Ni eso te mereces cabrón, eso es otro regalo. Así que venga, cuídate mucho y saluda en el infierno, en un tiempo me reúno con vosotros.
No supo qué decir.
A los 29 minutos se arrepintió de corazón por haber sido tan cabrón.
Pero ya era tarde.
 

Beautiful image from Stockvault. Called “Burned chair”, from Bjorgvin (thanks)
 

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Oct
3
2019

¿Prefieres una dulce ficción o una cruda realidad?

 Escrito a las 19:00     Archivado en: A5, Reflexiones     comentarios cerrados


Hoy reflexionaba sobre temas religiosos y me vi ante una metáfora muy curiosa. Pensaba que el dilema espiritual, esa compleja elección personal de creer o no en Dios en sus diferentes formas, a mi me recuerda a esa legendaria escena de Matrix en la que Neo debe escoger de entre dos, una pastilla: una, la roja, le revelará la verdad del mundo, una cruel y dolorosa, pero totalmente honesta, liberándole de la esclavitud mental a la que está sometido… la azul, sin embargo, hará que permanezca “dormido”, aceptando la ficción generada por ordenador como la verdadera, feliz en su ignorancia y contento en una cómoda prisión basada en la ignorancia, una realidad generada por un programa muy sofisticado. Esta legendaria escena está inspirada por “Alicia en el país de las maravillas“, de Lewis Carroll, cuando su protagonista debe escoger entre dos pociones, para continuar su aventura o volver al mundo en el que vivía.

Si trasladamos este mismo dilema a la religión…

La píldora azul, en este caso, sería la fe en la religión, pensando en la católica, pero igualmente válido para otras. Puedes pensar que si eres bueno, irás al cielo, que si cometes un pecado, se te perdona con la oportuna penitencia, o sino vas al infierno, puedes aferrarte a creencias… sin preocuparte de hasta que punto pueden ser ciertas o no. Crees en algo porque te lo cuentan, no basado en tus conclusiones propias. ¿Eres bueno por elección propia o por temor a un castigo? En cualquier caso, crees en Dios y que él es la respuesta a muchas de las preguntas que durante siglos la humanidad se ha hecho.

La píldora roja, en este caso, es la verdad, sea cual sea, si un día hay pruebas de que existe un Dios omnipresente y poderoso, el científico será el primero en arrodillarse, pero para ello necesitará prueba tangibles, algo que por ahora… no hemos visto, aunque algún católico me haya dicho que las hay. La verdad es única, quizás no podamos comprenderla ni verla jamás, pero no por ello deberíamos dejar de buscarla, siendo justos con los demás, los buenos valores no necesariamente son “cristianos”, podemos ser buenos por educación social o por bien común, aprendiendo que sumar a los demás te enriquece a ti más que a nadie.

Definiendo ambas píldoras dejo claro del todo cual sería mi elección ¿no? ¡Roja forever!
Y lo importante, según lo que he vivido, es ser feliz escojas la píldora que escojas, pues para mi lo más importante es tratar a los demás como te gusta ser tratado, ser justo, respetuoso y buena gente… y hacer las cosas lo mejor posible dentro de la estupidez que todos exhibimos en un momento u otro de nuestra vida. Puedes ser bueno con los demás porqué sea tu elección personal, o por tu educación, o en el otro bando puedes temer a un Dios que te castigará por ser malo, lo importante… es ser justo, intentar hacer un mundo mejor, y vivir lo más cerca posible del bando del “Amor”. Exista o no Dios, el amor de los unos a los otros puede salvar el mundo… o su ausencia condenarlo, ¿o acaso alguien duda que el problema de Trump es una seria carencia afectiva de niño? Aish, pobre imbécil.
Y vosotros ¿Qué opináis?

PD: Artículo escrito en Julio de 2019, pero publicado un tiempo después…

 

Porque la vida puede ser maravillosa.
 
Andrés Montes
(1955-2009) ¡No te olvidamos jugón!

 

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  Pensamientos caóticos de...

...un ser humano normal, sin aparentemente nada llamativo ni destacado... salvo quizás una visión diferente del mundo, coleccionista de sonrisas y abrazos, que intercambio por buenas conversaciones. Normal... salvo que puedo ver tu alma en tus ojos, que era gallego antes aún de haber nacido, que tengo tanto que ofrecer y tantos colores con los que pintar... que estoy seguro de que vale la pena conocerme.

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