Agradecisentimientos

Disculpad mi silencio, últimamente ando más concentrado en vivir y en sentir que en buscar modos de explicar y exponer mis progresos vitales. Siempre he necesitado compartir aquello que creo puede mejorar la vida de los demás, y por suerte, no hasta el extremo de que esa necesidad limite mi libertad y se convierta en obsesión.
Hoy alguien me hablaba de los problemas que tiene para no estar pensando todo el rato, con la cabeza saturada de tormentas mentales que arrasan con su salud de un modo inexorable. Cómo no, me he puesto a pensar cómo transmitirle esa paz que en algunos ámbitos yo he encontrado, cómo intentar hacerle ver que quizás de tanto pensar puedas cansarte… y desconectar el cerebro sea más fácil fruto del cansancio que produce el ruido permanente. Pero no, no es tan fácil, algunas personas vemos un interruptor que enciende o apaga una luz, y otras por mucho que lo intenten, son incapaces de verlo. Me pregunto cuántas cosas no soy capaz de ver o entender, y mastico lentamente aquellas incomprensiones que las rupturas y los conflictos dejaron sembradas en mi alma. Ya lo sabéis, me veis a menudo reflexionando sobre aquellas cosas que aún me duelen, heridas que aún cerradas se niegan a cicatrizar, puede que por qué quizás… tenga aún algo importante que aprender, encontrando el delicado equilibrio entre razón y culpa.

Con el mundo cómo está, si algo intento hacer a diario es agradecer que mis seres más cercanos estén bien, empezando por el gallego del espejo. El mundo contiene la respiración y sabemos que va a estornudar y nos va a dejar a todos llenos de mocos. Y me sorprende, en medio de este apocalipsis, no ver a la gente aprovechando para decir los «te quiero» no dichos, para hacer al amor aún mas al no saber si mañana se podrá, al no vivir más plenamente y no dejar las cosas para un mañana tan incierto… si bien también los miedos y confinamientos nos quitan la libertad de movernos y hacen de contrapeso a esa alegría de vivir que deberíamos sentir y celebrar. Es increíble estar bien, disfrutar de la paz del hogar, me parece muy doloroso imaginar cuántas personas están encerradas dónde no quieren estar… este escenario extraño oculta tantas historias, qué bonito es tener un hogar o varios, que suerte tenemos los que podemos usar de nido tantos brazos.
A veces pienso, y agradezco que no haya sido así, cómo en otras vidas que he vivido esta crisis habría acabado conmigo, ahogado por una distancia insondable sin barcos ni aviones, prohibidos los abrazos que son siempre la mejor y única cura para una pelea de pareja o una enfermedad de cualquier tipo. A veces la perspectiva nos da la razón y otras nos dibuja esas historias que nada tienen de casuales, páginas que parecen escritas por parcas sabias y pérfidas que persiguen algo mucho más grande que nosotros… o tan pequeño como nuestra felicidad.

Sé que he hecho algunas cosas mal, pero también sé que hay muchas cosas que no pude hacer mejor. Sé que el devenir de la vida ha desgastado mi inocencia y que en alguna ocasión me he comportado como un cretino miedoso que huyó antes de sufrir, por falta de fe en una persona o circunstancia. Sé que volví para disculparme. Sé que muchas veces me he dado sin medida y sin esperar nada a cambio, y eso mismo obtuve. Sé que a veces he recibido mucho más amor del merecido, siendo incapaz de corresponderlo. Sé que es mucho más fácil culpar a otros de algo que mirarse en el espejo. Sé lo gratificante es escoger entre dudas un camino, y que mientras escalas una montaña verde veas cómo el otro llevaba a un precipicio gris que pondría fin a tu historia. Sé lo que es echar de menos pese a todo. Por encima del dolor y las encrucijadas, están esos trocitos de corazón que ya no vuelven, y no debemos de avergonzarnos de haberlos dado, pues pocas virtudes más grandes hay que la de darse de ese modo, que el querer pese a todo.

Con el tiempo dejas de necesitar tanto los «te lo dije» y prefieres quedarte en silencio. Agradecer las diferencias por encima de las similitudes, habitar la esencias por encima de las aparentes virtudes. No valorar el aplauso robado, y quedarte con el poema perfecto que no sale nunca de tu libreta. Con el tiempo… te quedas con el momento, te perdonas por lo que fue… y ya nunca será.
Ruiseñor soy no sin miedo, que te salvaría de mil males… pero que no te seguirá por las arenas movedizas del rencor, para no morir ahogado allá dónde mucha gente habita y naufraga. Pantano escogido por ellos en lugar de un aire limpio, sin máscara ni contaminación, que les espera al otro lado… en un mundo que agradece cada beso, caricia o abrazo dados… y jamás arrepentidos.
Nos sobran los motivos para volar, vacíate de miedos y pa arriba, cómo dice Diego:

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