Y la vida sigue

     Empieza Septiembre y la sociedad contiene la respiración. Habrá qué ver cómo reencontramos el equilibrio en medio de esta locura vírica. La maldición llegó para enseñarnos a vivir más en presente, para vivir más a corto plazo y disfrutar lo que tenemos delante, no sin olvidar… y no sin soñar.
     Y es inevitable que una u otra cosa nos despierten recuerdos y alimenten nostalgias. Hace un rato, recordaba con mucho cariño a una persona con la que me encontré por casualidad un rincón de Asia, y dónde compartimos pensamientos en español sobre la vida, y atesoramos momentos preciosos. Imposible olvidar su mirada o sus abrazos. Tras ese mágico sueño, al volver a su país, retomó su vida tomándose mucho más en serio su relación de pareja, pues allí alguien también hacía otro camino que le permitía aprender y valorar lo que perdía. Es bonito cuando lo que compartes con alguien es tan breve y perfecto que no os dais opción de ensuciarlo, y se queda como una isla paradisíaca para siempre en tu mente, un pensamiento alegre. Ha habido relaciones que hubiera deseado convertir en ese tipo de isla, monumentos más altos que un rascacielos que creía tendría siempre en mi templo de criaturas mágicas y que sin embargo, fuimos derrumbando con decepciones, insultos y malas energías, diluyendo la magia que existió en su día.
 

Foto de Pexels
 
     Es bonito que por encima de todo esté el amor. Ayer era el cumpleaños de la primera pareja que tuve al llegar a Madrid, hace ya 20 años. Y aunque nuestro final fue tormentoso y terrible, con los años conseguimos dejar atrás torpezas, confusiones y el dolor de lo peor que vivimos para recordar lo mucho que nos quisimos, y la conexión que siempre tendremos. Es importante cuidar esos vínculos entre personas, recordar con cariño la magia de lo compartido, una amistad de días o años, pero de las que te tocan, y rendirles el homenaje que merecen enterrando el rencor y dejando respirar esa relación única y especial para que no muera, aunque sea algo muy diferente de lo que fue.
En fin, supongo que todas mis reflexiones van por el mismo lado últimamente… hay que añorar bonito, y que conste que yo lo hago, pero eso no quiere decir que no cueste. Una de las cosas más duras de la vida es dejar ir y no saber, de alguien que quieres, si está bien y si las cosas le van todo lo bien que te gustaría. No saber qué aprendió esa persona de tu relación contigo, y si fuiste una estación de camino a una felicidad mayor. Es bonito cuando siembras un campo para que después crezca algo, aunque tú no recojas el fruto. Todos dejamos esa huella y nos la dejan, a veces el sentido de una persona es ser la mujer de tu vida, y en otros casos, que tú le prepares para que conozca a alguien mejor para ella. Unas veces tu sentido es ser un gran amigo, y otras es generar un conflicto que de pie a una reflexión que permita a una persona tener amigos de verdad. A veces el movimiento del mundo es mágico y parece coordinado por un jefe de orquesta travieso, y otras… te mareas con el meneo y te quedas con la necesidad de aferrarte a un cubo de basura a desahogar tu malestar.
     Qué se le va a hacer, al final la morriña es algo que llevamos todos en la sangre, especialmente los gallegos, y aunque miremos adelante no sin miedo, y vivamos en presente lo mejor que sepamos… es vital no olvidar de dónde vienes, en mi caso, de un Bosque Animado lleno de vida y mariposas azules llenas de luz, a las que rindo tributo y tengo presentes cada día.
La magia existe… y me he cruzado con ella en muchas ocasiones.
Y de muchos caminos oscuros salí con esa luz interior, con esos pensamientos alegres que son capaces de llevarte mucho más allá… de Nunca Jamás.
 

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