Centrando la cabeza… tras Hong Kong

Esta mañana al despertar lo primero que vi fue un mensaje de mi querida Frikineka donde me reñía diciendo que se me había ido la cabeza en el post anterior, y luego lo releí y no me quedó más que darle la razón (es de esas personas que suelen tenerla…) lo escribí con fiebre jooooo, no me lo tengáis muy en Cuenca. Estaba sorprendido por los síndromes de Estocolmo, que si no vives te cuesta tanto entender, por la gente que le gusta cavarse sus propias tumbas… y enterrarse ellos mismos, y decidí plasmarlo todo junto y sin orden ni sentido, perdonar que fuera tan errático y difuso, en lugar de trenzar argumentos hice un nudo, sorry.
¿Cómo van vuestras vidas?
¿Qué secretos que no habéis contado a nadie os apetece compartir conmigo y mis lectores?

La vida es cuestión de ciclos, y quizás Hong Kong haya roto algunas de mis dinámicas, aunque mi cuerpo aún siga dejando atrás a algunas bacterias que no pagaron billete de vuelta. Aquello es precioso, pero sus calles huelen regular, no recuerdo ningún lugar con olor agradable, tipo panadería o puesto de frutas… hay pasadizos que huelen a cerdo agridulce podrido, y yo intentaba no repetirlos tras cruzarlos una vez y acabar con el estómago algo revuelto. Es una de esas metrópolis gigantes dónde la extrema pobreza y la riqueza más desbordante se dan la mano, el primero duerme en cajas de cartón para despertarse con el sol y poner a hacer una extraña sopa que venderá en cuencos en su improvisado puesto callejero, el segundo dejará en segunda fila su Tesla Model X para cogerse uno de esos cuencos camino a su trabajo en algún rascacielos.
Satán también llevaba un Tesla:

La gente viaja entre edificios a través de túneles con aire acondicionado, y no me quiero imaginar la distancia máxima que se puede recorrer por pasillos infinitos que unen centros comerciales para que la gente pueda viajar sin pisar la calle. La cantidad de tiendas que hay allí seguro nos dejaría a todos atónitos. No todos los restaurantes están a pie de calle, y más de uno tenía solo la puerta y luego varios pisos de mesas, que la gente comparte, para comer rammen o las más diversas delicias chinas. Ir con un local que te enseñe alguno de los secretos de la gran ciudad/país es un tesoro que merece la pena ser vivido y aprovechado.

Lo mejor, haber visto el más grande de los Budhas… Rickinillo no cabía en sí de emoción, y no podía disimularlo, tengo tanto que aprender de Rick, como esa actitud suya tan vital y fantástica:

Un lujo que el trabajo me diera la excusa para haberme podido perder en esa gran ciudad, llena de rincones mágicos y especiales… sin duda merece la pena dedicarle un tiempo y hacer algunas de las muchas actividades que nos depara. Lo mejor… la gente, creo que es el puerto más grande del mundo y hay gente de todos los países del mundo… yo vi especialmente mucha gente de Tailandia o Filipinas, también Indonesios, pero conecté también bien con gente de Sri Lanka e incluso Cuba ¡Viva la diversidad! El mundo está lleno de sorpresas y direcciones inesperadas, y gente buscando su camino.

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