La dualidad del Gallego: Corazón de Oro y Cerebro de Latón

Amo mi tierra, pese a que no es el sitio donde más tiempo he vivido, que ostenta Madrid, siempre me sentiré gallego y brillará ese orgullo en mi corazón. Mis gallegos tienen algo especial, y cuando viajas y ves mundo puedes apreciarlo aún más en el contraste con otras culturas. Es una «raza» donde los extremos se dan la mano y hasta parecen tontear, la oscuridad de los cotilleos, las peleas entre vecinos, el minifundio y la sombra de unos políticos mediocres y fascistas que demuestran lo que siempre digo, a un gallego no se le puede dar poder. Avergüenza reconocer en el pasado a gente como el Caudillo, dictador y asesino, Fraga, un heredero del régimen que los ancianos votaron durante años por inercia y que presidió la Xunta hasta dejarla seca, Rouco Varela, el heredero de la inquisición que tenía sueños húmedos con la quema de brujas, y como no, Mariano Rajoy, un Sith de lo más oscuro que confunde al mundo con su aparente estupidez. Feijoo no es más que un esbirro que intenta no dar tanto el cante como sus jefes de Madrid, pero que es tan culpable y sucio como ellos.
Y cuando eres gobernado por gente sin alma… ardes, intencionadamente, para que un amigo de este y de aquel pueda tener el chalet soñado, o pueda hacer una urbanización que le permita cambiar el yate, para luego invitar amablemente a caviar a su amigo del gobierno, o de una eléctrica amiga. Que sepas que tú, si les votas, eres cómplice.

Y sin embargo…
El gallego tiene algo especial en el corazón, crece en la lluvia, mira con recelo al Sol si luce demasiados días, el gallego limpia con resignación las manchas de petróleo de sus costas pero no castiga a los que permiten que eso pase, el gallego mima con esmero a sus vacas… aunque luego les tiren la leche. Emigramos hasta la luna, pero nunca dejamos de sentir palpitar nuestra casa, y no hay mar como el nuestro, tanto es así que Poseidón una vez jubilado, se hizo un chalet en la Costa da Morte, pendiente de expropiación por alguien de la Xunta al que no supo darle su pellizco por las licencias de obra.
Tenemos grandes poetas y escritores, músicos geniales, tenemos gaitas y bailes, percebes y las mejores patacas del mundo, pimientos de padrón, tenemos verde y azul, y aunque a veces parezca que tenemos un cerebro de latón, no te fijes tanto en eso, y contempla al fondo de algunos ojos ese corazón de oro con el que rendimos homenaje al Mar, nuestro señor.
 
Hace cinco días había una votación y un curioso resultado.
¿Coincidencia? Quizás tan solo en parte. Hay imágenes que hablan por si mismas:
 


 

 

 

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