Cada loco con su esquema

Esta semana hubo algo que me sorprendió mucho, para mal, y eso que no sé si por suerte o por desgracia suelo ver venir las cosas de lejos. De repente, un castillo de naipes que majestuoso parecía alcanzar ya los dos metros, se derrumbó totalmente, no quedó nada… y la gran pregunta es ¿Pude hacer algo? No hubo viento, ni temblores, tan solo una interpretación que alguien hizo de una afirmación honesta y que deshizo para siempre ese castillo. No sé si esa persona era incapaz de explicarse mejor, o sigue esperando que yo pida perdón, o no entiende el por qué pude ofenderme, en ese laberinto de incomprensión se ha quedado todo, y como soy optimista, prefiero pensar en que aquello que podría haber complicado mucho mi mundo se quedará en un recuerdo, y puedo seguir en el ritmo habitual al que estoy acostumbrado, esta vez, convirtiéndome en ermitaño por un tiempo y pidiendo la minusvalía emocional al menos durante unos meses jejeje

Del mismo modo que cuando una mujer deja a un chico le dice a sus amigas «Todos los hombres son iguales«, nosotros también hacemos cosas parecidas y también decimos cosas como cuando era adolescente y mis amigos gritaban «son todas unas zorras«, afirmación que dejé atrás hace mucho tiempo, gracias a Cthulhu, y ahora optaría más por el grito de «Locaaaaa» de Rovira, que me suele venir a la cabeza mucho más de lo que debería.

En nuestro afán de supervivencia, tanto física como emocional, pensar aquello que nos conviene ayuda a superar malos momentos, y nunca he tenido claro si es pura conveniencia o simplemente, mirar al frente. Estos últimos meses he aprendido que el rencor y la cabezonería suelen ser más grandes de lo que creemos, pues nos ponen cara de gatito y de ese modo no nos fijamos en su cuerpo de elefante. Cada uno de nosotros está afectado por su propia locura… los que creen que el mundo va contra ellos, los que no entienden que si alguien no está es porque has conseguido que no le apetezca estar a tu lado, los que no entendemos que los problemas son siempre cosa de dos y todos tenemos una parte de culpa, los que temen tanto las relaciones que las sabotean antes incluso de nacer, quienes intentan hacer las cosas del mejor modo pero no les salen de un modo natural, las personas que no saben lo malas que son, las víboras que se creen ratones, los ratones que les encantaría ser víboras, los icebergs, los témpanos de hielo, los soñadores sin remedio, los alquimistas del tedio.

Cada loco… con su esquema.

pajaroloco

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