Que el corazón no se pase de moda…

En la vida hay momentos difíciles, o como diría Gomaespuma, momentos «francamente». Ya sabéis, traumas infantiles que con terapia, cariño y tiempo hemos ido curando, o más recientemente, heridas sentimentales de diversa gravedad, como rupturas por falta de química o excesos de locura o malicia, o incluso no saber sintonizar bien la radio de lo que emiten nuestros corazones, quien sabe. Para enumerar mis accidentes sentimentales debería escribir un libro (o varios) para recopilarlos todos.
Muchos no sabéis que en su día tuve un blog aparte semisecreto dedicado a una de mis series que se llamaba «Cómo conocí a mi mujer», pero lo abandoné por desesperación, aunque la idea no era mala… pues contaba alguna de mis aventuras, a lo Ted Mosby, y qué me había enseñado cada una de ellas.
Otros momentos francamente son ver cambiar a alguien muy cercano como se convierte en el monstruo del Lago Ness, ya sabéis, todos cambiamos y nos convertimos en algo que no siempre queríamos ser al empezar nuestro viaje. El tiempo nos quita y nos da, pero aunque no lo veamos, cambiamos, y de repente hay un día en que te cuesta tanto escribir historias de amor y finales felices que te preguntas si no has dejado de creer en ellas.

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Así me siento en los últimos tiempos, Mr. Empalagoso está exhausto y agotado sentimentalmente. He disfrutado mucho de todos mis intentos por congeniar con alguien, siempre te llevas buenos momentos, pero se nos dio el infinito como distracción para valorar el presente, y parece que una relación plena nunca es aquella que acaba. Mi pobre madre, siempre ilusionada por pensar que estoy mejor con alguien a mi lado que solo, no creo que pudiera confiar en otro «He encontrado a la mujer de mi vida» de mi parte, y seamos honestos, si algún día conozco a alguien especial, tardaré un tiempo en tener esa sensación de «ahora sí«, o por lo menos, en transmitirla, la vida me ha enseñado que gran parte de esos vuelcos del corazón no son porque el corazón sienta honestamente, sino porque quiere querer.

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Lo malo de los cumpleaños es que siempre recibes (o no recibes) felicitaciones que generan tensiones o ilusiones. Hay quien siempre se acuerda, hay quien nunca (aunque te quiera) lo hace, y hay personas que te generan mil sentimientos encontrados… ¿estará pasándolo tan mal como yo creo? Espero que no… ¿Se habrá repuesto de la última chica que lo dejó? … ¿Estará molesto conmigo y no me ha dicho nada? … ¿De quien se habrá enamorado ahora esta petarda?… ¿Qué podría haber hecho mejor para mantener más cerca este amigo?
Y justo cuando las preguntas te cansan, la vida te hace su regalo, como aquel instante perfecto, poco después de ducharme el Sábado, estrenando una camiseta y subido a mi coche, con el aire a una temperatura ideal entrando por la ventana mientras ponía rumbo a un rincón donde poder compartir con unos amigos una cena y celebrar los que estamos, y no las ausencias. Siempre hay que luchar por esos instantes, ellos son la razón, la recompensa, el destino.

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(La imagen de arriba, y en dos partes, se trata de Beautiful Landscape de agphotostock.com)

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2 Respuestas

  1. Daniel dice:

    «…Que ser valiente no salga tan caro,
    que ser cobarde no valga la pena.»

    Un poco tarde y perdido en el espacio tiempo, espero me sepas disculpar:

    Feliz cumpleaños y un fuerte, fuerte abrazo!

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