Corazones rotos

La semana pasa me encontré con esas aparentemente inocuas desde fuera, pero tremendamente dolorosas para quien las vive, roturas de corazón.
No en mi piel, claro está, sino en la de dos amigas portadoras de dos especies diferentes de ese magnífico y maravilloso corazón de mujer.
En ambos casos, un factor común, un chico que no quería estar con ellas. No era el caso de interrumpir una relación larga, sino que ninguno de los dos hombres quería consolidar la relación en algo serio.
 
En un caso, el hombre explicó los motivos, alegando sencillamente, no estar enamorado.
En el otro caso, los guardó en secreto, dejando la gran incógnita del «porqué».
 
En el primer caso, supongo que no te queda otra que aceptar que alguien no te quiera. Ahí dejan de intervenir factores de todo tipo, sencillamente, es algo que quien haya tenido algo de vida sentimental sabrá, no se puede controlar. Pero también puede ser una máscara de algo más, un «no eres tú soy yo» más evolucionado amparándose precisamente en eso. En cualquier caso, mejor mirar al frente, y a otra cosa, aunque las lágrimas y el berrinche supongo que no lo quita nadie, y solo el tiempo cura estas cosas.
En el segundo caso, la curiosidad del motivo te deja en un letargo doloroso, con el efecto «bofetada» prolongado durante días, y con esa pregunta en tu cabeza que intenta buscar un motivo y entender qué es lo que hace que esa persona que tu creías tan adecuada a ti, no quiera estar contigo. Y cuesta superar esas preguntas, unidas a un rechazo incomprendido, pudiendo quedarte atado a una cuerda de la que debes desprenderte poco a poco. Un «motivo» hace más fácil superar un desamor, sin ninguna duda, aunque no siempre son fáciles de expresar por miedo a crear un complejo físico o mental a la persona que debe escucharlo para mejorar, o sencillamente, saberlo.
 
Y yo me pregunto, si entre lágrimas y tristezas, cualquiera de las dos se ha parado a pensar en lo bonito que es amar… incluso no siendo correspondidas. Mientras escuchaba sus historias, mientras me probaba sus pieles, no podía dejar de pensar en mi… en si la razón ha hermetizado demasiado un corazón, que podrido de latir, como decía el maestro, ya no llora por amor.

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1 respuesta

  1. Moona dice:

    Cuando no te corresponden, es mucho más que un fastidio, porque, de algún modo, ese no gustar al otro mina la autoestima, y creo que hace falta soltar lágrimas (o puñetazos, si ese es el gusto del consumidor) para rehacerse y seguir mirando p’alante. Todo un mal rato, sí, que tal vez cueste semanas en superar, pero al final, tirita aquí, esparadrapo allá, se cura. Y yo sigo prefiriendo uno de esos malos ratos, sin duda, aunque haga pupa, porque son señal inequívoca de que antes hubo un período maravilloso en que estabas enamorado, y eso sí que no me lo pierdo. Contrastes que son vida. Tener un corazón de piedra tal vez sea un seguro contra las lágrimas, pero también un freno contra las risas :)

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