Cuando era más jóven

Cuando eres más joven vives sin miedo, sin red, sin ser consciente de que aquello que vives podría no volver a repetirse. Abundan los «la próxima vez que venga» y los «quizás en otro momento«. No piensas que nada de lo que hagas podría ser la última vez que lo hicieras… y la vida te enseña, a veces cruelmente, el valor del ahora. Cuando vives la última vez que ves a tu abuelo y no te despides cómo te hubiera gustado, o pierdes un amigo de un día para otro porque se muda de ciudad o de planeta, y de nuevo, no hay oportunidad de cerrar las cosas y el «adios» fue dicho sin que fueras consciente de ello.

Cuándo te haces mayor, en algunas ocasiones empiezas a ser consciente de las últimas veces que haces cosas. La última vez que vas a un trabajo, pues igual ese día te dicen que cierra la empresa o que estás despedido. La última vez que fumas un pitillo, o bien la primera que lo haces, y que inician 14 años fumando, y lo haces como si nada. El último día que fumé, ese sí fue un día maravilloso. La última vez que haces el amor con una chica a la que has amado con locura, que disfrutas del sabor de su sexo, que te pierdes en su piel en la que tantas veces creíste encontrarte. La última vez que disfrutas la calma que luego la tormenta deja en nada. El último abrazo a alguien, la última vez que vuestras almas estuvieron sintonizadas. La última vez que tuviste paciencia para aguantar a alguien, que te sentiste cómo un niño la mañana de Navidad, o que sentiste que querías y podías ser padre.

Y no dejamos de coleccionar últimas veces, aunque no sepamos que lo son…

Muchas últimas veces…
que jamás, deberíamos permitir,
nos quiten la ilusión por todas las primeras veces
que todavía nos quedan.
 



📷 Imagen de Fabrizio Verrecchia en Pexels

 

 

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