Las durezas del corazón

Y fue caminando cómo me encontré con mis primeras durezas, zonas en las que la piel se endurecían para protegerse del impacto y desgaste de una pisada, pues ese es el modo que tiene el cuerpo de prepararse para que el roce no haga corte, el modo de hacer que algo que se rompe, por sección o desgaste, sea al repararse más duro de lo que era antes de la herida.

Y eso… se extrapola al corazón.

A veces tengo la sensación de que el tiempo ha sido implacable conmigo, y cada vez me he hecho más resistente a las emociones. Es raro verme llorar, y las diferentes relaciones han endurecido tanto la piel… y no me refiero a la obvia, sino a la roja y palpitante piel de un corazón que quizás en su día consideré precioso pero que el tiempo y la culpa han dejado en algo más íntimo, preciado, querido y mío… que guardo en una caja y que cada día más… me cuesta mucho sacar de ella. Y sé que eso no está bien.

 

 

En el mundo, vemos presente de mil modos diferentes la necesidad evolutiva de protegerse… las turtugas lentas pero blindadas, la piel de las ballenas dura y grasienta para protegerlas del frío, y esa piel humana que sin darte cuenta va cambiando con el Sol y los elementos, haciéndose dura hasta que un día te das cuenta de que ya no es lo que era.

Y eso no quiere decir que no pueda volver a cambiar… el amor es tan poderoso, que un beso puede deshacer en segundos una coraza de años, y como no, siempre hay esa chispa adecuada que puede hacer arder tu alma durante el resto de tu existencia, aunque no sea fácil de encontrar… y todos parezcamos tan perdidos buscándola, sin saber si podríamos identificarla de tenerla delante.

Del mismo modo que cura, también mata, y un alma castigada y atormentada por el amor no correspondido puede perderse en bosques más negros que el azabache. Recuerdo hace años como un amigo que se enamoró de una moza no siendo correspondido, y se metió en una cueva tan profunda, que dudo mucho algún día alguien sea capaz de sacarlo. Yo estuve años diciéndole que afuera había árboles y flores, montañas y horizontes, gente noble, y hermosos corazones, y nunca quiso salir a comprobar si lo que decía era cierto. Y quizás haya para él un hechizo que lo cambie todo, o quizás toda una vida de rencor por delante, no lo sé, el tiempo será testigo y juez, pues hay elecciones que nos liberan… y otras nos condenan.

Pero de esas cosas que creo saber y que a veces creo tener claras, hay una que viene a cuento:
Entrégate al amor sin miedo, al fin y al cabo… de él naciste, y a él le perteneces, todo lo demás es espejismo y tormento.

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1 respuesta

  1. Luz dice:

    Cómo siempre muy bonita reflexión!el final me ha encantado. Gracias por tus sabias palabras!

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