Enamorado del silencio

Hoy me he dado cuenta de que llevo más de quince días sin contaros nada. Supongo que en cierto modo, me guardo para mi la locura, la calma, los sentimientos que amordazo, y los que suelto como si se tratara de unos ruiseñores a los que dejas la puerta de la jaula abierta.
Estas últimas semanas he visitado recuerdos, me he dado un paseo obligado por preguntas que hacía mucho tiempo que nadie me hacía, los clásicos «¿Qué te pasó con la princesa amnesia?» o «¿De qué conoces tú Valencia?«, o un «¿Qué sabes tú de los celos?«. Y contestar honestamente esas preguntas te hacen visitar las peculiares escuelas del recuerdo de las que entre brumas parecen quedarse únicamente las lecciones, una vez el viento y la lluvia diluyen sangre y lágrimas para dejarte tan solo esa semilla a modo de regalo (presente) que enriquecerá lo que eres y serás, esa lección, más o menos justa o errada, la anécdota que te sirve de coartada, el momento que deja tu película velada y que te obligará, tiempo después, a coger otro carrete, a empezar otro libro, a bocetar un nuevo relato al que buscarle un final feliz.
Siento fuerza en mi mirada, siento coraje en mis pasos.
Sigo vivo, aunque no escuches mi suspiro ni me veas en el espejo.
Ahora mismo, tan solo estoy enamorado del silencio, y quiero hacerle el amor como merece…

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