Una mosca en el cristal

Voy en el autobús que cada día me lleva rumbo al trabajo, son las 8 de la mañana, una mosca revolotea histérica de espaldas al cristal como si quisiera atravesarlo de un modo casi mágico. Su ruido frenético altera mi paz alejándome de mis coqueteos con Morfeo, en esa media horita en la que suelo remolonear si el día es propicio y aún no me he desvelado lo suficiente.
 
Se acerca a la zona en la que yo apoyo mi cabeza en el cristal, y por un momento pienso en golpearla para alejarla de mi durante esos dos segundos que se queda quieta, pinzando los dedos como cuando eres niño y le lanzas una pelota de papel a la niña que te gusta. Quizás mi gesto pueda terminar también con la agonía que parece sentir el insecto en su huida imposible ¿Qué sentiría o pensaría la mosca al recibir el golpe? ¿Sería un vertiginoso viaje al más allá o la experiencia más memorable de su corta vida?.
Por un breve instante estoy en su cabeza y siento su agobio pretendiendo entender el muro transparente, así que cuando vuelvo a mi estado adormilado la dejo tranquila, deseándole suerte y evitando que tenga que lidiar con un gigante lento y estúpido.
 
Mientras cierro mis ojos pienso:
A veces somos dedo ejecutor,
otras somos paciencia,
algunas somos mosca,
y otras,
las mejores,
cristal.

 
 

 
 

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2 Respuestas

  1. Bruma dice:

    Y ahi nos dejas dándole vueltas a la historia como moscas. Muy interesante enfoque para algo tan del dia a dia. Esa es la consciencia! :)
    Gracias!

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