Puntos finales

Me gustan tan poco los puntos finales, aun los inevitables, que quizás por eso escribo tanto con puntos suspensivos…
Aunque las cosas se acaban, y es necesario que se acaben para que empiecen otras nuevas, no es fácil ver cómo la ilusión y el cariño se quedan en nada y ese castillo de naipes que parecías llevar bien, se ha caído sin que entiendas exactamente qué paso.
Una vez desmoronado, tan solo queda aceptar la brisa que lo ha tirado ¿Merece la pena reconstruirlo? Y si no es así… ¿Qué puedes aprender? Siempre hay algo que aprender… que podría ayudarte a seguir siendo feliz o a construir el castillo de naipes definitivo, o quizás, tan solo necesites dedicarte a otra cosa, que también puede ser, un cambio de gafas.
La vida se esfuerza en intentar enseñarnos que somos solo ahora, que debemos plantar ilusiones con la esperanza de que germinen, pero viviendo como si no fueran a hacerlo. El mañana es una canción que escuchas ahora por primera vez, todo sorpresas, aunque puedas intuir el ritmo según silbas la melodía de tu vida.
Necesitamos puntos finales, bisagras para el alma, dragones sin caballeros, finales que siembran comienzos.

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