Follar… de corazón

El otro día me escribió ella, mi más duradera y prolífica amante en esta época sin bandera ni rumbo sentimental, ni pareja.
Aunque cerré hace un tiempo esa puerta… hoy no quiero recordar los motivos.
No fue fácil olvidar su boca juguetona en el autobús, rumbo a mi pueblo, mientras yo vigilaba que nadie mirara hacia atrás, y ella me acercaba al delirio que me habría matado si solo hubiéramos ido una parada más allá…
Sus muslos temblaban al paso de mis manos haciéndome sentir verdaderamente poderoso. Su voz, gritaba mi apellido una y otra vez, elegido por ella antes que mi nombre, para dar voz a su deseo, nuestro pecado, nuestros besos.
Sus pechos adquirían su forma más perfecta cuando se ponía encima de mi, lista para moverse a su ritmo, en búsqueda de su mayor placer mientras yo me deleitaba con la belleza de sus deliciosas curvas y el baile de aquellos sabrosos pezones que mantenían a raya mi locura.
Así era ella, con esos preciosos ojos cristalinos atravesando capas de piel y alma, con sus besos inagotables, con su piel suave y sus vestidos muy muy cortos, obsequiando un mapa a la imaginación, y un rumbo a mis manos.
 
Mientras ella me hablaba de su vida, ayer, no dejaba de recordar aquellos momentos… y pensaba en las mil cosas que nos quedaron por hacer, y en las tres mil que hicimos. ¿Qué añoraba de aquello? Fue curioso, entre todo, surgió un deseo, una deuda pendiente, un anhelo, supongo que fruto de no ser cumplido en su día y mis necesidades afectivas actuales: el de pasar una noche juntos, abrazados, en silencio, creo que con ello me decía mi corazón: «Hey, chaval, ¡No estoy muerto!,
deja de buscar en el recuerdo, atrácame en buen puerto,
del que da calor en invierno, que en su ausencia, queda un hueco,
que sus retinas te alimenten más aún que sus besos,
que su sonrisa sea tu rocío, su felicidad… tu viento,
que te deshaga cual vela, para amanecer entero,
que quieras amar plena e incondicionalmente,
tú sabes que estoy en lo cierto,
que un rayo me parta, hermano, si te miento.
»
 
«Siempre al frente, Capitán» contesté sonriendo.

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