Evitando tus minas

Él tenía tantas ganas de querer que confundía afecto y deseo, belleza y amor. No se fiaba de las apariencias, pero se sintió deslumbrado cuando la vio a ella, no pudo evitarlo. Se daba en tanta medida que se olvidó de preguntarse qué necesitaba a cambio de todo lo que quería ofrecer, una piedra con la que había tropezado en otras ocasiones, pero que cambiaba de forma y localización para seguir atrapando incautos. Él creía en el amor, no uno de fábulas, sino uno más real y bonito, uno en el que después de comer las perdices, el príncipe, friega los cacharros. Él creía en el arte y en el mundo, en la melodía escondida tras cada instante. Él se cansó de esperar el amor casi sin darse cuenta, pero nunca dejó de soñar con la llegada de esa persona que llena de defectos, era perfecta. Y cuando la vio, supo que moriría por ella, se lo dijo con una sonrisa y le tendió el corazón en la palma de su mano.
 
Ella tenía tantas corazas que ya no sabía dónde empezaba su piel y dónde acababan las cicatrices. Se había protegido tanto que se había olvidado de querer, y sobre todo, de dejarse querer. El amor se enquistó en rencor y con esa gran espada buscaba cómo defenderse del mundo. No creía en la gente, desconfiaba, y se volcaba tal y como era solo con quienes durante años habían merecido su confianza casi sin pretenderla. Su cuerpo de princesa era una anécdota entre sus libros e imágenes, conchas de océanos lejanos y demás aficiones que hacían que su mundo pareciera completo. Su belleza era tan extraordinaria como el gran desconocimiento que ella parecía tener de la misma, sus ojos apagaban velas al parpadear y sus labios, cuando hacía frío, secaban océanos. Intentar conocerla era cruzar un campo de minas dónde cuando creías haber avanzado unos metros, estabas un paso más cerca de la siguiente. Miró desconfiada al chico que sonriente se acercaba a ella, le dijo que creía en ella, que le diera una oportunidad… y ella no le creyó.
 
Sobra decir qué sucedió ante tal encuentro ¿no? …
pues que explotó la mina.


Origen de la imagen, este post de Taringa. Imagen completa.

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Y vía la Srta. Vainilla, otra canción…
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3 Respuestas

  1. Tegala dice:

    Uffff, las corazas que hacen perder grandes oportunidades, que nos vuelven ciegos, mudos, sordos…
    Genial tu texto!!

    Un abrazo

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