«Dime que lo sientes»

Un nuevo relato, muy en mi línea, creo que para mi… ya no hay esperanza xD
Con música… un temazo de finales de los 90, de una película de Julia Roberts.

Un verano de 2003, salí de mi oficina en Plaza de Castilla envuelto por una temperatura perfecta, uno de esos días que el mundo te sonríe con un día precioso y que el Sol parece esperar radiante que salgas de trabajar. Era Viernes, y caminaba tranquilo y sin prisas rumbo a casa, contemplando las personas y sus gestos, su forma de vestir, de moverse, jugando conmigo mismo a adivinar cosas de sus vidas por pequeños detalles. La adolescente preocupada sentada en la fuente con cara de que su mundo se había acabado, quizás por perder su primer amor, o por una amiga que demostró no ser tal. La pareja que caminaba sin cogerse de la mano y con total indiferencia, cuyo amor parecía marchito incluso ante los ojos de un extraño como yo, y aquellos otros, mas allá, cuyo amor irradiaba con fuerza como si acabara de nacer. Aquel precioso paseo me llevó a la puerta del Metro, dónde estaba ese anciano que todos los días hacía sus pinitos con su acordeón, sonriente, feliz, con una barba gris cuyo volumen parecía siempre el mismo, nunca se afeitaba, pero tampoco parecía crecer. Tanto si te detenías en su cuenco a dejar unas monedas como si no era así, te dedicaba siempre una gran sonrisa que te llenaba de optimismo.
Le dejé unas monedas que llevaba en el bolsillo, y al incorporarme para bajar las escaleras me tropecé con una chica, no tuve ni tiempo de verla, solo recuerdo aquel «Lo siento» que le dije, con tono amable y sorprendido, y su respuesta mientras se alejaba: «Yo también», y mientras tanto, el viejo del acordeón se reía de mi, mientras me recuperaba del sobresalto y de un escalofrío que me había recorrido la médula, sería por el golpe, y cediendo nuevamente a la calma y placidez del día.
Con mi sonrisa reinstalada, descendí las escaleras rumbo al metro, a casa, un fin de semana en el cielo de un soltero, buen cine, algún amigo, muchísima música, y sobre todo… tiempo para mi.

Unos años más tarde, ya con pareja, ella fue a buscarme al trabajo un Viernes, también hacía buen tiempo. Llevaba unos meses con aquella chica fabulosa y habían parecido un suspiro. La confianza que sentía en sus ojos me envolvía, a su lado todo tenía sentido, las preguntas… respuestas, y no tenía los miedos que me habían acompañado en otros momentos de mi vida. Desde la puerta de mi trabajo caminamos cogidos de la mano, compartiendo nuestra mañana de tareas y dedicándonos fugaces sonrisas y miradas cómplices que no necesitaban palabras. Hablábamos de ir a ver una obra de teatro aquel Sábado por la tarde, me confesaba que estaba cansada y le apetecía dar un breve paseo aquella tarde, hacer una pequeña compra, y por la noche… película y cena, sofá y abrazos, caricias y besos, y dedicarle el tiempo y la pausa a esto último que el resto de la semana no podíamos. Yo asentía pues no podía imaginar mejor plan que aquel, a su lado.
Disfrutando del paseo llegamos a la boca de metro. Allí estaba mi amigo el anciano sonriente, nunca supe su nombre, pues se lo pregunté dos veces, y en ambos casos me contestó con una mirada dulce, su sonrisa clásica, y ninguna palabra, así que seguí sin ponerle nombre. Nos dedicó su cara más dulce y con la ilusión del Viernes recogí de mi bolsillo unas monedas que dejar en su cuenco.
Él nos miró y nos dijo: «No os acordáis ¿verdad?»
Me sorprendió tanto ¡tanto!. En todos aquellos años nunca lo había escuchado hablar.
Le respondí titubeando: «¿De qué?»
Y contestó con su pose habitual: «De cuando os chocasteis aquí hace tres veranos»
Me quedé sin palabras. Como si fuera una visión, recordé a lo que se refería, no sabía qué decir.
«Pero… no era ella ¿o si? No le vi la cara, recuerdo el incidente… pero nada mas.» – le dije
El anciano respondió – «No os mirasteis, y menos como lo hacéis ahora, tu le dijiste que lo sentías, y ella, sin mirar atrás, dijo que ella también, y proseguisteis vuestro camino.»
«Vaya ¿Está usted seguro?» – pregunté
«Si» – intervino ella – «Yo también lo recuerdo, iba absorta en un problema de trabajo y no me giré, sentí un escalofrío, pero cuando puse orden en mi cabeza y me di la vuelta, no estabas ¿De verdad eras tú?»
«¡Claro que era él!» – respondió el anciano entre carcajadas
«Vaya… gracias por decírnoslo.» – le respondí, mientras ella y yo, estupefactos, bajábamos despacio las escaleras del Metro, y el anciano seguía partiéndose de risa, de una forma tan pura, tan sincera, tan plena.

Han pasado ya unos años desde aquel día, y en nuestros momentos más sensibles e íntimos, cuando queremos ponerle palabras a un sentimiento tan grande como nosotros, uno de los dos dice «Lo siento«, y el otro, siempre mirando a los ojos, contesta «Yo también«.
Y nos besamos despacio…

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7 Respuestas

  1. Jorge dice:

    Me ha gustado mucho el texto, joe…. no se que ponerte pero me ha sentir algo extraño. No se si es que me gustaría chocarme algún día con una chica fantástica y decir lo siento, o pensar que las casualidades existen realmente.
    Y encima, estoy escuchando Spotify, y suena «Esta no será otra canción de amor» de La Habitación Roja :)

  2. Susi dice:

    Supongo que casi todos, en determinadas épocas de nuestra vida hemos soñado con ese encuentro mágico que, luego con los años, nos gustaría poder contar a todo el mundo como algo especial, como si el destino ya estuviera escrito para ambos.
    Hace unos meses me comentaba un amiga toda emocionada la historia de cómo habia conocido a su actual pareja y, la verdad, no era para menos; habían sido mas de dos años de simples conversaciones de ascensor hasta que él, un día, se decidió por dejarle una nota en su coche diciéndole que era el vecino que todos los días la saludaba en el ascensor y que le encantaría conocerla porque siempre le había gustado.
    Esos momentos son únicos, inolvidables e imagino que deseados por cualquier hombre o mujer con ganas de sentir.
    Un besiño tesoro

  3. Olga dice:

    Que historia tan bonita!! Me la creo tanto que no sé si es algo que te ha sucedido a ti, o es sólo fruto de tu ingeniosa imaginación.Muy buena la
    música, me encanta el saxo y Kenny G es uno de los mejores! Gracias
    por todas las cosas que nos regalas! Es un placer leerte!!
    Besitos :)* muhahahahahh
    «Lo siento»……si me excedo en los comentarios ;)

    • KATREyuk dice:

      Que va, ojalá! Todo empezó en un pensamiento sobre la casualidad, sobre lo que dijo Susi arriba de que puedes conocer a alguien especial y antes de comenzar una relación, que el tiempo transcurra entre vosotros. De ahí pensé en un choque, y salió todo lo demás…
      No te excedes niña ¡Jamás! Eres mi comentarista más asidua y te lo agradezco un montón… te invitaré a cenar algún día en Buenos Aires.
      Un abrazo

  4. Olga dice:

    Gracias Kike!! Que tengas un lindo fin de semana, con alegría y buena compañia!!
    Un abrazo grandote:)*

  5. Bego dice:

    Joo… qué bonito relato ;)
    Y con la música de fondo, mejor aún!

    (K)

  6. Tegala dice:

    Vaya!! Precioso, sencillo… me ha encantado!! Y me ha hecho pensar en las casualidades, en las cosas pequeñas, simples e importantes, en los instantes llenos de significado… muchas gracias!!

    un abrazo.

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