La injusticia de la brevedad de sus pequeñas vidas.
El 11 de Febrero de 2027, si todo va bien, Rúculo cumplirá 10 añitos.
Este año a su lado ha sido duro, el accidente que casi le cuesta la vida y le dejó ciego, es algo que parece que llevamos peor los que estamos fuera, que él, que se ha adaptado de maravilla y no deja de sorprenderme cada día.
A veces pienso en todo lo que me gustaría hacer con él, como ponerle una rampita para que suba al sofá o la cama, pero ahora que no ve, ya no es relevante necesario.
Lo importante es lo feliz que es en su madriguera, justo detrás del sofá, y con qué soltura se escurre por su huequecito para encontrar ese rincón de paz que tanto le gusta.
Veremos que tal me va con la cámara que he puesto para poder verlo cuando está en esa zona trasera del sofá, y asegurarme de que está bien. Me da tanta paz verlo bien.
Últimamente miro qué tal está varias veces al día, tuvimos una época de peores cacas, y me quedé más pendiente de lo normal.

Cuándo pienso en dejar de tenerlo en este mundo, empiezo a llorar, me deshago, no puedo evitarlo.
Es tan injusto que estos pequeños seres de luz que nos rodean vivan tan poco, se pasa volando el tiempo.
Y sin embargo, siempre pienso que no lo disfruto todo lo que debería, que podría darle más mimos y cuidados, y como todo padre, equilibro ese sentimiento con una sobrecompensación con la comida.
Recuerdo el día que le atacó el perro, y cómo no podía dejar de llorar ni un segundo… y cómo el destino pretendía decirme algo por cómo mis sentimientos eran relegados, por la milésima pataleta de alguien cercano. Quizás ese momento sea de los que recuerde en mi vida como un punto de inflexión en el que me equivoqué, pues cuando lo recuerdo no puedo evitar cerrar el puño y tener ganas de llorar, pero de rabia. Quizás algún día escriba algo sobre ese día, aunque no llegue a publicarlo.
Pero a lo que voy, me mata pensar que como mucho me queden 2 años de mi chiquitín. Los conejos viven 12 años, y él… no ha tenido una vida sencilla. Ahora que vivo rodeado de grupos de gente que rescata y cuida de conejos y cobayas, veo a diario lo duro que es cuidar de estas criaturitas y lo pronto que nos dejan. Las huellas son profundas, y muchas de las personas tocadas por estos seres escogen dedicarles su vida. Así conocí a La Vedruna, dónde Mònica Junyent encauzó todo el amor y el dolor de perder a Coco, para crear un santuario maravilloso (Que por cierto, podéis apoyar por 1€ al mes en Teaming).
Aunque lo de Teaming se merece un post aparte, la verdad, pero ¡explorarlo!… y os hará sentir genial tener participación real en organizaciones que cambian vidas.
Solo sabes lo que es amar de verdad a un animal cuando darías tus años de vida, los que fueran necesarios, para poder irnos a la vez.
Y me parece un sentimiento maravilloso, aunque sea desgarrador.
Y me parece triste, si no entiendes a qué me refiero.
Su amor es diferente al humano, ni mejor ni peor, solo diferente.

INFORMACION IA:
— Escrito enteramente por humanos.
— La imagen es una foto mía.







Otro de vuelta
Un abrazo enorme
Otro para ti. Feliz año Mamen
Lo que sucede conviene ¿no? Un abrazo inmenso
un abrazo enorme!!!