Se nos acabó el amor de tanto usarlo

Entonces ¿Cómo te sientes? — me preguntó ella sonriente, metiéndose tan dentro de mi como podía con aquellos infinitos ojos azules.
Le devolví la sonrisa, no podía hacer otra cosa, aunque mi corazón estuviera gris y la ilusión que veía en su mirada no fuera más que un cruel castigo para mi más sincera realidad sentimental.
Ya sabes cómo me siento, respeto tu punto de vista, pero no lo comparto. — repliqué, nervioso y sintiéndome tan atrapado como en otros momentos de aquella relación tan repleta de altibajos, odiaba esa sensación, la privación de libertad es un dolor insoportable que solo entiende quien la ha vivido.
¿No crees que deberíamos darnos otra oportunidad? — dijo, vital e ilusionada.
Volví a mirarla, esta vez sin sonrisa y con gesto serio; luego miré al suelo y dejé volar mis pensamientos intentando encontrar equilibrio y razón para hilar palabras con un cierto sentido y orden.
Me gustaría tener la fe de que lo nuestro puede funcionar, pero he acabado tan desgastado que ahora mismo me resulta imposible concebirlo. Deseo que encuentres tu paz, yo buscaré la mía, pero el cielo que acabó volviéndose un infierno no es sitio para mi ahora, necesito aire limpio y mar. Mereces plenitud y alguien que aporte tanto como tu das, y sabes que yo lo intenté, fue algo progresivo que a mi me permitió ir cogiendo ritmo, y al final nos equivocamos de caminos y nos rompimos. Hay que aceptarlo y volver al principio, no de nuestra relación, sino de nosotros, recuperarnos para poder entregarnos al mundo y a la vida, y no se esclavos del miedo y la angustia como éramos.
Pero hubo tanto amor y pasión, tantos buenos momentos ¿No quieres volver a todo eso? — me preguntó sonriente y vital, como ella era siempre.
No se trata de querer, sino de poder… me costó tanto salir de una caja en la que me sentía encerrado, que ahora, el más mínimo espacio cerrado me genera claustrofobia ¿entiendes eso? — le dije, intentando ser razonable y tranquilo.
Pero… algo tan bonito, tan mágico, éramos una familia ¿A dónde va todo ese amor? — preguntó, con voz temblorosa.
Quizás… se nos acabó el amor de tanto usarlo. — le dije. Y me creyó, vi apagarse el brillo en sus ojos y en los mismos contemplé cómo su corazón se partía en mil pedazos. Algunos de esos fragmentos se incrustaron en mi alma y mi propia piel, y seguirán ahí para siempre.

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