De durezas y conciencias

Ayer respondí un email y poco después me sentía culpable por el modo en que lo había hecho, y sin embargo, leía de nuevo mi respuesta y el propio email al que respondía, y no veía otra respuesta posible que no fuera aquella, siendo honesto conmigo mismo. Me suele pasar, supongo que a vosotros os habrá pasado alguna vez, que te sientes culpable cuando eres duro o agresivo defendiendo tu punto de vista, es la contraposición a todas aquellas veces que sencillamente sientes que se aprovechan de ti por ser excesivamente bueno o tonto.
Estos últimos años me ha pasado mucho eso de sentirme culpable al enfadarme, erosionado por aprovechados y necios, y noto como he endurecido mi carácter dejando de creer en gente pidiendo limosna, en amigos que nunca han dejado clara tal condición, en quienes te usan cuando se aburren o quienes son incapaces de respetarte un mínimo. Mis respuestas para estos casos ahora son:
— Si pides limosna, asegúrate de que te esfuerzas por no necesitarla, y te la daré.
— Si te las das de gran amigo, asegúrate de tener alguna prueba o huella de ello.
— Si te aburres, no agotes la paciencia de mi amistad en tu mundo de agonías.
— Si no me respetas… quizás no tenga nada que hablar contigo.

La vida son dos días, y perdemos demasiado tiempo entre conflictos, dudas y problemas. Es increíble lo nocivas que son algunas personas, y la capacidad que tienen para estar siempre «de mal rollo». Si hace sol se queman, si llueve se mojan y se resfrían, si hace viento se les gasta la piel y les duele, si comen lentejas tienen gases y si comen carne de cerdo les entra ganas de ver Intereconomía, si saltan tienen vértigo y si vuelan les molesta el aire en la cara. Poco se puede hacer contra quienes tienen una queja como respuesta por defecto para casi todo, y lo único que debe preocuparte es no contagiarte.
Suelo contar alguna vez aquel chiste que no hace gracia, dado que es más minihistoria que otra cosa, que dice:

— Coño Paco, ¡Qué bien te veo! Tienes un aspecto cojonudo.
— Gracias Luis, la verdad es que me siento bien, sí.
— Y cuéntame ¿Cual es tu secreto?
— Si te lo cuento no me creerías.
— Venga, cuenta sin miedo.
— Pues verás, yo nunca discuto por nada.
— Venga hombre ¡Cómo va a ser esa tontería!
— Pues no lo será

Sí, lo sé, una tonterida muy grande, pero de esas que se me incrustaron cual espinita y desde entonces ha formado parte de mis mantras.
Hay gente que tiene el superpoder de estar siempre sonriendo de corazón, que destilan brillo al mundo y a quienes les rodean, son contadas… estrellas. Otros nos limitamos a tener algo de luz, tan solo un poquito, que nos ayuda a ver vasos medios llenos en lugar de casi vacíos, y esa chispita basta para que aparezcan los que quieren arrebatártela, pues solo saben vivir en negro y les molesta tu velita. Así que, agárrala con fuerza.

Y sigue nadando, sigue nadando

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2 Respuestas

  1. Lola dice:

    Lo has dicho en un día en el que siento lo mismo que tú. Gracias por poner palabras a mi reflexión

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