Sin perdón

Ella se quedó mirándolo sorprendida, mientras se acrecentaba en sus pupilas un odio feroz.
— ¿Cómo has podido hacerme algo así? — dijo ella
— Yo… lo siento mucho, no pude evitar la tentación y me evadí de todo, no sabes cuanto me arrepiento.
— Pero ¿Y todo lo que hemos construido juntos? — dijo ella, ausente de más emoción que la furia contenida.
— Esto no tiene porqué desaparecer… yo te quiero, y quiero luchar por nosotros — suplicó él
— Ya te dije que si alguna vez estabas con otra, no habría nada qué decir, y soy mujer de palabra — replicó seria.
— Esto no tiene por qué ser el fin… intenta entenderme, y perdonarnos — contestó él
— ¿Perdonarnos? ¿Perdonarnos? No tengo nada que perdonarme, y lo que has hecho es imperdonable… nuestra relación se ha acabado, nuestra familia está rota, y es todo por tu culpa, ¡No hay nada más qué decir! — dijo ella tajante
— Cierto, nada más qué decir… debí haberlo visto antes, y sí querida, es culpa de ambos, aunque no lo entiendas, y esa es la mitad del problema, la otra… es toda mía, lo sé.

El otro día alguien me contó que su matrimonio se deshacía por culpa de una indiscreción masculina. Y conociéndolos a ambos… así imaginé la conversación final entre ellos…

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1 respuesta

  1. Tegala dice:

    Y por supuesto cuando éstas cosas pasan hay que hacer un ejercicio de reflexión por parte de ambos. En algunos casos, sólo es culpa de uno…pero en otros casos cada uno carga su pequeño o gran pecado.

    Un abrazo muy fuerte

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