Jenna

Cuando Internet iba por módem, y cuando compartir ese módem era un avance tecnológico sin precedentes, ella encontró un medio de estirar sus uñas por ese medio y jugar con algunos de los muchos hombres que hay en el mundo. Ella era rubia con mechas y con una nariz picuda muy al estilo de Cleopatra, unos labios sonrosados y unos ojos de esos que han hecho las ojeras permanentes. Era atractiva, pero no solo porque fuera guapa, sino por la electricidad que llevaba en su cuerpo. La pasión que transmitía podía chamuscarte si te acercabas demasiado, y si lo hacía… no te quedaba otra que arder.
Su cuerpo era, como todo buen deportivo de lujo, la perfección del diseño para el propósito para el cual había sido diseñada. Medía 1,65, y las piernas bien proporcionadas llevaban a un poderoso y hermoso culo que de tanto hacer deporte tenía una agilidad extraordinaria. De cintura para arriba, poquita grasa, y unos hermosos pechos más bien pequeños, pero con una forma deliciosa, que ella lucía con camisetas sin sujetador.
Así era Jenna, un huracán apunto de entrar en erupción, o para ser más precisos… lo contrario.
Cuando me crucé con ella me miró como quien mira a una gominola, por un lado con hambre, por otro con dulzura. Yo aún no había cumplido los 22 que me regalarían un billete de ida a Madrid. Cuando ella quiso hacerme suyo, lo hizo, con mujeres así no se puede ofrecer resistencia ni negociar, si te dice que eres suyo… lo eres, y punto, y ella quería ser mi maestra y hacerme partícipe de su visión del mundo, y el tipo de recuerdos que ella creía merecía la pena coleccionar.
La primera vez que la vi desnuda mis orejas aprendieron a aplaudir para dejar libres mis manos. Ella me enseñó muchas cosas, inició mi interés por el Kamasutra cuando hasta ese día no había pasado apenas de la primera página. Disfrutó tanto conmigo como yo con ella, fue la primera mujer con la que me acosté y de la que no me enamoré, porque incluso con mi limitada visión de entonces, sabía que no podías poseerla ni disponer de ella en exclusiva, tan solo disfrutarla cuando tropezaba contigo, y llevarte ese magnífico regalo que te hacía en forma de recuerdo imborrable.
Era una inagotable amazona cuya sangre destilada era la esencia pura del sexo.
 
13… 14 años, no sé decir, han pasado desde que compartí alguna velada con aquella magnífica mujer.
Esta tarde me dejé abierta la web de Hotmail, lo que suponía, sin yo ser consciente, abrir una puerta a una cuenta de email cuyo Messenger asociado dejé de usar hace muchos años.
Cuando me fijé en la web, había un saludo, era ella:
«Hola corazón ¿Qué ha sido de tu vida? Oí que te fuiste a Madrid…
tenemos un baile pendiente.
«


Image from Stockvault. Called «Human Expression», from Bjorgvin Gudmundsson (thanks)

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1 respuesta

  1. Tegala dice:

    Muchas veces me pasa que te leo y no sé qué decir… relatas magníficamente sentimientos, vivencias y fantasías con tanto talento que cualquier cosa que pueda decir aquí suena a poco, sabe a demasiado poco. Y sin embargo no quiero quedarme sin decirte que me gustó, que me transmitió, que llegó a algún lugar y consiguió emocionarme, sonreírme o simplemente asombrarme con tanta magia…
    No importa lo que cuentes porque sabes contar, no importa lo cotidiano, real, inventado o fantástico que sea tu relato, tú sabes contar…
    Gracias, es lo único que puedo decir cuando no sé qué decir.

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