Volando en presente

Es fácil volverse adicto a hacerse un ovillo en tu pecho, en otra vida debí ser un gato y tú la manta que con mis uñas convertía en cama. Por mi ventana, el frío se hace escarcha en los corazones de los viandantes y blanquea la vegetación poniendo la vida en pausa, pero con tu calor no hay invierno, en tus labios me resguardo y puedo ver primavera en la nieve, haces que me sienta a la vez… leña y fuego.
 
Esos cien libros que se acabaron quedando en blanco me enseñaron, con sangre y sudor, a leer sin imaginar finales, viviendo más concentrado en cada página que en los capítulos que dibujan al ir pasando. No queda más que intentar ser presente, habitar el ahora, vivir no como parte de sueño, sino bailando sobre el segundero, bebiendo en tu boca. Es la adicción a esa piel un arma de doble filo, la felicidad que te llena y la locura de desear preservarlo a toda costa. Esa necesidad de pasar las hojas del calendario que nos separan, para volver a fundirnos cuanto antes, para ahogar de nuevo mi boca en tu ombligo, y no hay más respuesta que la espera, ni más remedio que sin ti hasta que contigo.
 
Los techos, y los coscorrones, me enseñaron a no volar, el destino a no dejar de soñar, y el tiempo y los años… a que en el presente es el único sitio donde te puedes encontrar.
 
Mi camino hoy es usar el recuerdo de tu olor como trampolín, revisionando el fotograma de tu boca, tus ojos o tu sonrisa para planear a media altura… volando en presente.

 
 

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2 Respuestas

  1. Angela dice:

    Como me gusta tu poesía!
    Besos de martes!

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