«Es que es tan pequeñito…»
El otro día, mientras mi hermana esperaba mejores noticias del veterinario que cuidaba de su gata, me dijo una frase entre lágrimas: «Es que… es tan pequeñita«.
Me desgarraba el corazón, esa misma frase la había dicho yo varias veces cuando tenía al conejito hospitalizado hace justo dos meses, por el ataque de un perro. «Es tan pequeñito…«, y me deshacía entre lágrimas asustadísimo de no poder seguir contando días al lado de mi querido Rucu, ese inesperado hijo conejo que me robó el corazón hace unos años, y que desde entonces, no me lo ha devuelto.

Fue Madonna la que de algún modo, cambió mi forma de ver a los animales. A lo largo de mi vida he tenido muchas mascotas: periquitos, canarios, perros, gatos, peces africanos… y ranas, tritones, y seguro que más de los que recuerdo ahora. Pero con Madonna era distinto, no sé si fue marketing o alma, pero Madonna… era mi hija. Me desvivía por ella y habría hecho cualquier cosa por su felicidad o por tenerla a mi lado un poquito más. Aquel viaje a Porto, su último viaje, llevándola en silla de ruedas, fue maravilloso. Es increíble cómo se puede amar tanto.

Y cambió para siempre mi forma de ver a otros seres, me «rompieron», o me arreglaron, según cómo se vea.
Los demás seres vivos (no humanos) son maravillosos, resilientes y bondadosos, equilibrados y coherentes.
Ahora entiendo a esas personas para las que sus compañeros animales son todo.
Sean grandes o pequeños, nos necesitan, y nosotros a ellos.
Nos recuerdan la humanidad que perdimos por el camino.
Nos recuerdan que debemos ser cuidadores, y no verdugos.
Y por todo lo que me enseñaron, siempre amaré y recordaré a mi Madonna y mi Rucu,
mis hijos peludos de corazón de oro y pasión por las pipas igual a la mía.





Otro de vuelta
Un abrazo enorme
Otro para ti. Feliz año Mamen
Lo que sucede conviene ¿no? Un abrazo inmenso
un abrazo enorme!!!