La NBA se ha convertido en un espectáculo lamentable, aunque al menos tenemos las finales que merecíamos.

Hace años dejé de seguir algunos deportes por parecerme que la influencia del árbitro, del dinero, una afición violenta o estúpida, o de perversos intereses de poderes ocultos, enturbiaban demasiado un deporte que bien llevado podría ser bonito. Y así dejé de seguir el fútbol, dónde se habla de juego limpio y luego mueren cientos de personas construyendo estadios para un mundial que se celebra allá dónde no se cumplen los mínimos derechos humanos, y deberían preocuparse de mucho más que de lavar su imagen. Por no hablar de un deporte dónde se venera a tramposos drogadictos que meten goles con la mano o portugueses descerebrados cuya ética de trabajo es muy superior a su inteligencia o humanidad.

Sin embargo, la NBA consiguió fascinarme, ya desde niño lo hacía. Yo conocí la era de Michael Jordan, luego la de Kobe y Pau, y todo narrado por un Andrés Montes que decía, como llevo tatuado que «La vida puede ser maravillosa«, y así es. Me pregunto qué pensaría Andrés de en qué se está convirtiendo hoy la liga. Los árbitros se la están cargando, por no hablar de un comisionado que permite cosas terribles como la existencia de trampas (Caso Kawhi-Clippers), la connivencia con casas de apuestas (NBA y las casas de apuestas)… pero sobre todo, el arbitraje es tan malo, que cuesta creer que esa gente cobre por ello, y seguro que no cobran poco.

La falta de regularidad y consistencia, de pitar lo mismo en ambos lados, su forma sistemática de favorecer a un equipo en cada partido… es algo denigrante y asqueroso.

Que una falta flagrante se pite si la hace el francés alto, y no se pite cuando la hace el blanquito americano, es racista e injusto. No hay sentido común.
Que un equipo más agresivo en lugar de obtener un castigo proporcional, se vea beneficiado por que se les suba el listón de las faltas, es absurdo y va contra el fair play.

Y así sucede día tras día.

Recuerdo la cara de Djokic cuando el año pasado les eliminaron unos asquerosos OKC en el séptimo partido, estaba atónito. No es que salieran con más ganas a por el partido (que también), sino que su agresividad y violencia descentraron tanto a los que sí jugaban al baloncesto, que se llevaron el partido.
Y eso no se puede permitir.
El baloncesto tiene unas reglas, y NO son flexibles. Si un equipo hace 20, 30 o 40 faltas, se les pitan hasta que paren de hacerlas o se queden sin jugadores.

El triunfo de equipos como OKC o Minnesota, violentos, marrulleros y en ocasiones excesivamente agresivos, es algo que no se debe incentivar. Del mismo modo que jugadores como Draymond Green, Dillon Brooks o Patrick Beverley, deberían haber sido expulsados de la liga hace años por sus reiteradas agresiones, incitaciones a la violencia y comportamiento en pista durante los partidos. Ver una recopilación de las jugadas guarras de cualquiera de estos jugadores tóxicos enseña parte de lo que va tan mal en esta liga.

Porqué la NBA está dejando de ser justa,
está dejando de ser auténtica
y está dejando de ser divertida.

Otro día ya hablamos de lo soporíferos que son los partidos, y de que la gente ya solo ve resúmenes, y no se les puede culpar.

TRAS LA ELIMINACIÓN DE OKC EN SEMIFINALES:
Me tranquiliza saber que no soy el único que padece a estos OKC lamentables.
Estas son algunas reacciones cuando los Spurs los eliminaron en finales de conferencia:

Pero sigue habiendo mucho que cambiar en la NBA para que sea honesta y justa, no siempre ganan «los buenos».
Y este año, como descanso ante tanta injusticia, veremos una gran final entre dos equipos que juegan a baloncesto de verdad: Knicks y Spurs. ¡Qué gane el mejor!

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