Mucho que agradecer

Una de las cosas más importantes que he aprendido estos últimos años, es a no dejar de agradecer las cosas maravillosas con las que el mundo y la vida me obsequian. Ha sido un año muy duro para mi, ha habido momentos en los que dudé seriamente de que tuviera fuerzas para acabar este año, pero encontré luz en la oscuridad y con esa máxima de no dejar nunca de caminar, he dejado atrás los peores días, aunque con la humildad de saber que pueden volver y que es con amor y trabajo, con las únicas herramientas que contaré cuándo las sombras vuelvan.

Y he de agradecer quienes, pese a mis sombras, siguen a mi lado. Quizás no haya sido un año de revelaciones o de grandes amigos llegando a mi vida, todo lo contrario, creo que justa o injustamente, he cuestionado a todo el mundo en mi vida, no ha quedado títere con cabeza, y he degradado a amistades que fueron importantes y que ya no lo serán más, incluso sin que lo sepan, no necesito dramas… sino ser coherente con mi corazón. Y es que he pasado gran parte del año enfadado por cómo empezó, intentando dejar atrás a alguien que consideraba imprescindible y a quien perdí por enredarme en mentiras, que más allá de perseguir una buena causa, fueron una guillotina que me alcanzó. Y aquello sirvió para que me replanteara cosas importantes en la vida, y sea consciente del veneno que esconde una palabra que no es cierta, y que una buena intención no garantiza un buen resultado. Por desgracia no puedo hablar mucho más de ello, no sería justo. Luché lo que pude hasta que dejaron de hablarme, me sigue costando aceptarlo, pero no queda otra.

Tampoco os puedo decir que vea la luz todos los días cómo sí sucedía hace un año y pico, no es así. Pero debo ser justo y relativizar, quien no quiere estar a tu lado… hace su elección, independientemente de la elección que haga yo de luchar por esa amistad o ese amor. Yo he luchado por unas personas, y quizás no lo hice por otras sin saber lo valioso que yo era para ellas. Pero son los actos los que nos definen, sin duda, por encima de las palabras. El pasado como trampolín, no como sofá.
Mi vasco errante ha sido un gran apoyo y campanilla ha seguido consolándome bajo el árbol de los niños perdidos, siendo anclas a la vida que me han ayudado a acabar el año, incluso sin ser conscientes de lo importantes que eran para mi y sin pedir nada a cambio. Mi doctora canaria, mi pepita grilla y Neo, amigos inagotables y permanentes, que han traído sus velas a mi mundo en sus ocasionales visitas. Gracias a todos por darme fuerzas cuándo más lo he necesitado.

Quiero algo mejor, quiero ser mejor, quiero volver a ver el mundo más verde que negro.
Quiero creer en el amor, y en que lo merezco, pese a mis errores, perdonarme.
Quiero creer de nuevo que merezco un final feliz y que esto tendrá sentido.
Quiero volver a ser el capullo insoportable que siempre era insufriblemente optimista.
Quiero mirarme al espejo de nuevo y sentirme orgulloso de lo que veo, y no hablo solo de cuerpos.

Pasito a paso… espero conseguirlo.
Pero si no lo hago no olvidaré que las ítacas no eran el destino,
sino el maravilloso trayecto que me regala cada día, momentos perfectos.
Gracias a todos los que compartís esos momentos de plenitud conmigo.

Os deseo un 2024 lleno de amor y vida, de felicidad y salud.
Sed tan honestos como os gustaría lo fueran con vosotros siempre.
Luchad por el amor y la amistad, tanto como os gustaría que lucharan por ello.
Y vivid plenamente, sin mordaza y paracaídas, que vida solo hay una… y la ausencia de cicatrices no declara haberla vivido mejor, sino con miedo, y pocas cosas son tan absurdas como el miedo.
Ojalá pudiera rebobinar un año y hacer algunas cosas diferentes, pero otras… tenían que ser así.
Ningún año de mi vida había llorado tanto, pero eso me recuerda lo vivo que está mi corazón dálmata, y que, sea incomprendido o no, me sienta solo en el mundo o encuentre quien mate ese sentimiento, espero latir mucho más.

Gracias de verdad a todos.

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