No eres tú, eso… es solo tu sombra.

La verdad es que la Vida se empeña una y otra vez en ponerme entre la espada y la pared, en enseñarme una lección de la que apenas alcanzo a entender cual es. Me siento cómo si tras muchas vueltas y llegar a la conclusión de que esta religión podría ser la mía, de nuevo el Universo me recordará que, sobre todo, soy y debo ser ateo. Y es que cada vez que creo encontrar algo que podría establecerse como un faro en mi mapa, algo me susurra que no solo ese faro puede dejar de brillar en cualquier momento, sino que encima, puede moverse ¿Qué sentido tiene un faro que se mueve o se apaga? Pues tiene sentido por darte luz cuando lo necesitas, y moverse a dónde y cuándo lo necesites, o desaparecer si eso es lo que hace falta, o si alguien más lo necesita.

En esta vida no hay nada seguro. Mañana podrías perder cualquier cosa que tengas hoy. Desde tu vista, como mi amado conejito, o podrías perder tu pareja o podrían robarte tu coche, cualquier cosa parece posible… me cuesta cada vez más creer en o mantener afirmaciones tajantes, pues me da la sensación que hacerlo hace que el destino se tome esa «ofensa» como algo personal, y conspira en tu contra. Cuándo pienso en de qué estoy seguro hoy que vaya a permanecer en mi vida mañana… ¡Paso palabra!.



📷 Imagen de Loïc Alejandro en Pexels

 

Así que solo queda mi sombra en la pared. Lo que soy y las veces que he querido ser mejor, a veces con más éxito que otras. Mis tesoros son algunas personas que llevan a mi lado mucho tiempo y demuestran su grandeza por mandarme un emoticono cada vez que escribo algo en mi blog, o me llaman más a menudo cuándo saben que lo estoy pasando mal por tener al conejito malo. Los amigos que me han decepcionado ya no hacen sombra junto a mi, solo queda mi silueta, sea la que sea en cada momento.

Eso que ves de mi, no soy yo, solo es mi sombra.

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