Archivo 20 de octubre de 2010

Oct
20
2010

“Dime que lo sientes”

 Escrito a las 18:30     Archivado en: A5, Relatos o Versos     7 comentarios


Un nuevo relato, muy en mi línea, creo que para mi… ya no hay esperanza xD
Con música… un temazo de finales de los 90, de una película de Julia Roberts.

Un verano de 2003, salí de mi oficina en Plaza de Castilla envuelto por una temperatura perfecta, uno de esos días que el mundo te sonríe con un día precioso y que el Sol parece esperar radiante que salgas de trabajar. Era Viernes, y caminaba tranquilo y sin prisas rumbo a casa, contemplando las personas y sus gestos, su forma de vestir, de moverse, jugando conmigo mismo a adivinar cosas de sus vidas por pequeños detalles. La adolescente preocupada sentada en la fuente con cara de que su mundo se había acabado, quizás por perder su primer amor, o por una amiga que demostró no ser tal. La pareja que caminaba sin cogerse de la mano y con total indiferencia, cuyo amor parecía marchito incluso ante los ojos de un extraño como yo, y aquellos otros, mas allá, cuyo amor irradiaba con fuerza como si acabara de nacer. Aquel precioso paseo me llevó a la puerta del Metro, dónde estaba ese anciano que todos los días hacía sus pinitos con su acordeón, sonriente, feliz, con una barba gris cuyo volumen parecía siempre el mismo, nunca se afeitaba, pero tampoco parecía crecer. Tanto si te detenías en su cuenco a dejar unas monedas como si no era así, te dedicaba siempre una gran sonrisa que te llenaba de optimismo.
Le dejé unas monedas que llevaba en el bolsillo, y al incorporarme para bajar las escaleras me tropecé con una chica, no tuve ni tiempo de verla, solo recuerdo aquel “Lo siento” que le dije, con tono amable y sorprendido, y su respuesta mientras se alejaba: “Yo también”, y mientras tanto, el viejo del acordeón se reía de mi, mientras me recuperaba del sobresalto y de un escalofrío que me había recorrido la médula, sería por el golpe, y cediendo nuevamente a la calma y placidez del día.
Con mi sonrisa reinstalada, descendí las escaleras rumbo al metro, a casa, un fin de semana en el cielo de un soltero, buen cine, algún amigo, muchísima música, y sobre todo… tiempo para mi.

Unos años más tarde, ya con pareja, ella fue a buscarme al trabajo un Viernes, también hacía buen tiempo. Llevaba unos meses con aquella chica fabulosa y habían parecido un suspiro. La confianza que sentía en sus ojos me envolvía, a su lado todo tenía sentido, las preguntas… respuestas, y no tenía los miedos que me habían acompañado en otros momentos de mi vida. Desde la puerta de mi trabajo caminamos cogidos de la mano, compartiendo nuestra mañana de tareas y dedicándonos fugaces sonrisas y miradas cómplices que no necesitaban palabras. Hablábamos de ir a ver una obra de teatro aquel Sábado por la tarde, me confesaba que estaba cansada y le apetecía dar un breve paseo aquella tarde, hacer una pequeña compra, y por la noche… película y cena, sofá y abrazos, caricias y besos, y dedicarle el tiempo y la pausa a esto último que el resto de la semana no podíamos. Yo asentía pues no podía imaginar mejor plan que aquel, a su lado.
Disfrutando del paseo llegamos a la boca de metro. Allí estaba mi amigo el anciano sonriente, nunca supe su nombre, pues se lo pregunté dos veces, y en ambos casos me contestó con una mirada dulce, su sonrisa clásica, y ninguna palabra, así que seguí sin ponerle nombre. Nos dedicó su cara más dulce y con la ilusión del Viernes recogí de mi bolsillo unas monedas que dejar en su cuenco.
Él nos miró y nos dijo: “No os acordáis ¿verdad?
Me sorprendió tanto ¡tanto!. En todos aquellos años nunca lo había escuchado hablar.
Le respondí titubeando: “¿De qué?
Y contestó con su pose habitual: “De cuando os chocasteis aquí hace tres veranos
Me quedé sin palabras. Como si fuera una visión, recordé a lo que se refería, no sabía qué decir.
Pero… no era ella ¿o si? No le vi la cara, recuerdo el incidente… pero nada mas.” – le dije
El anciano respondió – “No os mirasteis, y menos como lo hacéis ahora, tu le dijiste que lo sentías, y ella, sin mirar atrás, dijo que ella también, y proseguisteis vuestro camino.
Vaya ¿Está usted seguro?” – pregunté
Si” – intervino ella – “Yo también lo recuerdo, iba absorta en un problema de trabajo y no me giré, sentí un escalofrío, pero cuando puse orden en mi cabeza y me di la vuelta, no estabas ¿De verdad eras tú?
¡Claro que era él!” – respondió el anciano entre carcajadas
Vaya… gracias por decírnoslo.” – le respondí, mientras ella y yo, estupefactos, bajábamos despacio las escaleras del Metro, y el anciano seguía partiéndose de risa, de una forma tan pura, tan sincera, tan plena.

Han pasado ya unos años desde aquel día, y en nuestros momentos más sensibles e íntimos, cuando queremos ponerle palabras a un sentimiento tan grande como nosotros, uno de los dos dice “Lo siento“, y el otro, siempre mirando a los ojos, contesta “Yo también“.
Y nos besamos despacio…

Oct
20
2010

¡La locura no tiene cura!

 Escrito a las 16:32     Archivado en: Desvarios, Sociedad     3 comentarios


Lo dicho, ¡La locura no tiene cura! (como decía este sketch de Martes y 13), y este mundo está cada día más desennortado (sin Norte) respecto a demasiadas cosas. El otro día me hablaba una amiga de las choni-barbies y los cani-kens que han fichado para gran hermano, incluso me dijo que habían metido un chico con 10 chicas y viceversa, siendo los “acosados” dos seres humanos casados entre sí. El esperpento dirigido, como no, por Mercedes Milá, la única periodista a la altura de semenzante zoo humano (es irónico, no un elogio). Segunda edición que me perderé del bochornoso espectáculo.

Ayer hablaba con mi compañero del Carmageddon, un juego que en 1997 escandalizó al mundo. ¿Qué haría falta para escandalizarnos a día de hoy? Tenemos los realitys más extraños, los juegos más violentos, tenemos el Facebook y sus cosas, tenemos que resumir la vida en 140 caracteres y un GPS que indica dónde estámos… y mientras el mundo se detiene a ver cómo se sacan a unos mineros bajo tierra, miles de personas mueren por diferentes motivos en todo el mundo sin
Los medios y sus cruzadas, sus dedos señaladores y sus vistas para otro lado. Creemos dirigirnos hacia una sociedad más libre y plural, pero tan manipulable… que da miedo, las máquinas ganan terreno, Skynet… está entre nosotros, y empezará por quitarnos la humanidad antes de despojarnos de todo lo demás.

Oct
20
2010

La cita de “Gravedad Cero” – 4

 Escrito a las 15:00     Archivado en: Citas     comentarios cerrados


“Nos guste o no, el hombre, por naturaleza,
depende de sus congéneres.
Nos llamamos exploradores, independientes, valerosos,
pero ¿Qué somos sin el apoyo de nuestros hermanos?
¿Hasta dónde podríamos llegar si intentásemos hacerlo todo solos? …Cuando la cosa más minúscula puede hacer que nuestro mundo entero se detenga.
Yo quiero estar tranquilo, confío en mis hermanos, pues sé, que si yo no encuentro la llave, lo hará otro..”

Defying Gravity – Capítulo 4 – Narración final
 

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  Notas y dibujos de...

...un celtíbero errante, un androide defectuoso y con sentimientos, un yeti en calzoncillos en busca de otros eslabones perdidos, coleccionista de sonrisas y momentos que atrapar con el cazamariposas que los años ha tejido, pintor de acuarela en un día de lluvia, que con su sonrisa desnuda y la mirada perdida, te espera sentado al borde de un acantilado.

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